31.8.06

NYC VI: Greenwich Village - Tribeca - Soho

(Y vuelta la burra al trigo: vuelvo a no poder colgar fotos)

JUEVES 10 DE AGOSTO DE 2006.
Empezamos el recorrido de hoy en Washington Sq., delante de cuyo arco se despidieron Harry y Sally en Cuando Harry encontró a Sally y en el centro de cuya fuente vimos a unos españoles rodando no sabemos si un video musical, un anuncio, un corto, un peli o algo.

Recorrimos Greenwich Village paseando sobre todo por Thompson St., una calle súper chula llena de tiendas de ajedrez, en muchas de las cuales la gente se reúne a jugar previo pago de un dólar. Además, en las tiendas tienen ajedreces muy originales: de Scooby Doo, de Alicia en el Pais de las Maravillas, de El Mago de Oz… y de temas más serios en los que ni siquiera me fijé.

Después pasamos por el Café Wha?, local de conciertos muy de moda en los 60 y en el que empezaron su carrera diversos artistas, el más destacable, Bob Dylan. Después pasamos por una famosa taberna clandestina en la época de la prohibición, pero ahora el edificio está siendo rehabilitado y con los andamios no es que pudiéramos ver nada.

Acabamos de recorrer el Village en una plaza a destacar porque en ella hay unas estatuas de dos parejas homosexuales, y otra de una señor que no recuerdo cómo se llamaba pero que es famoso, entre otras cosas, por ser el que acuñó la frese “El indio bueno es el indio muerto”, muy majo él.

Después paseamos por Tribeca y por el Soho, de los que no tengo anécdotas culturales que contar, porque este recorrido lo hicimos por nuestra cuenta, sin guía. A destacar que buscamos el “Tribeca Film Center” y, aunque supuestamente estuvimos al lado, no lo encontramos.

Decidimos acabar la tarde tomando una cervecita en el sitio del muelle que nos había gustado el otro día. Caminando hacia allí empezó a chispear y Quic estuvo muy avispado sugiriendo que nos resguardáramos, porque fue meternos en una heladería y empezar a caer la chupa del siglo.

En un momento que amainó pasamos a resguardarnos en una librería y luego en los muelles. De tomar nada nos olvidamos, pero como parecía que había parado decidimos ir a Times Sq. dónde descubrimos la tienda “Bubba Gump Shrimp Co.” (¿Os suena? Pensad en Forrest Gump) dónde nos volvimos locos a comprar.

De allí a Columbus Circle, donde compramos unos perritos y nos los comimos en la entrada sur de Central Park. Empezó a llover de nuevo y nos fuimos al hotel.

Como no paraba de llover a mares, decidimos comprar unas hamburguesas y cenar en la habitación, donde no recuerdo si vimos unos Perdidos, o Un franco catorce pesetas.

30.8.06

NYC IV y V.


MARTES 8 DE AGOSTO DE 2006: MIDTOWN MANHATTAN – ONU – NY DE LOS INMIGRANTES.

Tras el desayuno habitual comprado en el badulaque nos dirigimos al Midtown Manhattan a patear un poquillo. La idea era ir al MOMA, pero cuando llegamos allí resulta que los martes estaba cerrado, así que decidimos emplear la mañana en ver unos cuantos sitios sueltos que nos interesaban, para por la tarde ir a lo que en nuestra guía se llamaba el NY de los inmigrantes.

Empezamos por el Empire State Building, al que se supone que todo turista ha de subir una vez en la vida para contemplar las vistas de la ciudad. Yo no haré eso jamás, porque mi vértigo y yo somos así de patéticos, qué se le va a hacer.

De allí caminando a Grand Central Terminal, a flipar un poquito recordando a Elliot Ness y la famosísima escena del carrito de bebé. Y a la ONU, a fardar de ciudadanos del mundo intelectuales y gafapastas, y a que Quic hiciera verdadero arte fotografiando las banderas.

Ya desfallecidos paramos a comer y una vez repuestas las fuerzas nos dirigimos a Chinatown, previo paso por la US Courthouse, y por el lugar en el que se encontraban los cinco barrios o pueblos que se reflejan en Gangs of New York. Lugar que, sin mi guía a mano en este momento, no sé ni nombrar ni describir con propiedad.

Me flipó Chinatown, me quedé impresionada, no lo imaginaba así, tan, tan, tan… chino. Ahora, que no es por comentar, ni por insultar gratuitamente, ni nada, pero hay que ver qué mal huele Chinatown, joder.

A destacar el hecho de que presenciamos una pelea entre un chino delgaducho y un chino más grande y borracho. Expectantes ante la posibilidad de presenciar un rollo ninja nos quedamos un ratillo observando, pero todo quedó en eso, meras expectativas.

A continuación nos pateamos Little Italy (en la foto), un derroche de colorido, pizzerías, tratorías y horteradas… muy italiano todo.

Allí compramos unas maravillosas estampas de El Padrino y de Scarface. Porque estos italianos están tan orgullosos de su mafia, y les es un negocio tan provechoso, que todas las tiendas estaban llenas de merchandising de Scarface e imágenes de Tony Montana, quien, si no me equivoco yo mucho, de italiano no tenía nada.

En fin… Acabamos el tour del NY de los inmigrantes (por el que Marco te cobraba 75 dólares por cabeza) pateándonos un poco de zona judía, llenita llenita de galleteros, y haciendo unas estupendas fotos de contrastes de los suburbios con el Empire State.

Nos pasamos por la tienda del Madison Square Garden, no para comprar compulsivamente, sino para hablar con el gerente de la misma, que es español y todo un centro de información en lo que a ver basket en NY se refiere. Pero no estaba, así que quedamos en volver al día siguiente.

Al hotel, cambiarnos, ducharnos e intentar nuevamente cenar en el Tokio Pop, que esta vez estaba lleno. Fuimos a un restaurante que había enfrente pero que no recuerdo cómo se llamaba, ni tampoco qué cenó Quic. Sólo recuerdo que yo tomé un pollo demasiado especiado. Recuerdo también que, tras esperar un rato en la barra para conseguir una mesa de terraza, resultó luego que, por extrañas y ridículas razones que no alcanzo a comprender, en las terrazas tienen zonas de fumadores (que no suelen ser más de tres o cuatro mesas) y el resto de la terraza es de no fumador. Dada mi suerte, por supuesto me tocó una mesa de no fumadores y vi mi gozo hundido en un profundo y mugriento pozo.

MIÉRCOLES 9 DE AGOSTO DE 2006: MADISON SQ- CHELSEA- MOMA – RUCKER

El tour del miércoles empieza donde terminó el del martes, en el Madison Sq. Garden buscando información sobre basket urbano. D.G., el gerente de la tienda del Madison, fue muy amable con nosotros, como por lo visto lo es con todo el que va a pedirle ayuda. Nos explicó cómo llegar al Rucker, uno de los playgrounds más famosos de NY (aunque un libro que se compró Quic – sobre playgrounds – no incluía éste entre los cinco mejores de Estados Unidos), que está en Harlem, concretamente en la W155St con la 8ª Av.

Una vez con la información pertinente bien aprendida, nos fuimos a dar una vuelta por el barrio de Chelsea, el barrio gay de NY y el centro de las galerías de arte, después de que los artistas más importantes dejaran el Soho debido al encarecimiento de los alquileres.

El tour por este barrio empezó en el Hotel Chelsea, famoso por muchísimas cosas entre las que destacaremos que en él se rodó la peli “León, el profesional” (lo que me acordé de ti, hermanita). Caminamos mucho por este curioso barrio, repleto de galerías de arte situadas entre talleres mecánicos.

Al final del recorrido nos encontramos con un cartel en una pared que rezaba “Viva Pedro” y anunciaba un ciclo de pelis de Almodóvar. Lo cual nos provocó un shock del que debíamos recuperarnos, o no, el caso es que acabamos en una terracita tomando una cerveza.

De allí al MOMA, pasando por el Radio City Music Hall y comiendo unos estupendos perritos en la puerta. Como esta vez el museo sí que estaba abierto, pues pagamos religiosamente y entramos.

Yo no tengo ni puñetera idea de arte, y de arte moderno aún menos, así que la crítica intelectual se la dejaré a Quic, para el caso de que alguna vez en su vida quiera actualizar su blog.

Sólo diré que casi muero de una pulmonía, porque estos señores no tienen ni puta idea de lo que significa moderar un poco la temperatura del aire acondicionado, y una es tan espabilada que en plena ola de calor no se le ocurrió meter en la maleta algo con lo que resguardarse de la gélida temperatura del interior del museo.

Una vez finalizada la visita express (tampoco puedes pegarte días enteros en el museo, cuando tienes una semana para exprimir NY al máximo) salimos a disfrutar del calorcito de la calle.

Volvimos a Penn Station y cogimos el tren D, camino de W155 St., con tiempo de sobra, porque D.G. nos había explicado que esta tarde había un partido de la liga del Rucker, y que había que estar allí una hora antes si querías coger sitio.

Pero, oh maldición, resulta que el tren D por las tardes es express, y no para en todas las estaciones, entre ellas, casualidades de la vida, en la 155. Y allí que estábamos Quic y yo, en un tren en el que no había más de 10 blancos, adentrándonos en Harlem, a escasas horas de anochecer, sin saber dónde tendría a bien parar el conductor y sin saber qué tren no-express teníamos que coger luego para volver, bien al Rucker, bien al hotel.

Y en estas que un chico que había estado oyéndonos discutir sobre nuestras posibilidades de sobrevivir, se nos acercó y nos preguntó a dónde queríamos ir. Nos explicó lo de que el D por las tardes era express, y que en la primera estación que parase nos bajásemos y cogiésemos en sentido contrario el tren B, que hace el mismo recorrido que el D, pero para en todas las estaciones.

Eso hicimos y por fin llegamos al Rucker, temiéndonos que no encontraríamos sitio ni de coña, porque llegábamos mucho más tarde de lo previsto.

Salimos y nos encaminamos a la cancha, que estaba prácticamente vacía, nos sentamos en la grada sol (que es la que estaba vacía, porque nos daba algo más que respeto sentarnos en la de sombra en la que sí había gente – téngase en cuenta que éramos los únicos blancos en kms. a la redonda, y cantaba que éramos unos pobres pardillos de turismo-). Nos sentamos… esperamos… flipamos viendo cómo juegan al baloncesto los niños (y ojo, las niñas) en este lugar… seguimos esperando…oyendo constantes sirenas de policía… acrecentando poco a poco nuestra sensación de estar en la auténtica ciudad sin ley… y sin gente blanca (miento, vimos dos blancos en toda la tarde - por cierto, uno de ellos creemos que era el que hace de novio de Amèlie -)… y tras horas de que, en realidad y pese a nuestros temores y prejuicios, no pasara nada más allá de gente yendo y viniendo (estamos convencidos de que había un partido programado y se había suspendido, porque mucha gente venía, esperaba, hacía una llamada y se largaba), nos piramos al hotel.

Nos cambiamos y, por fin, conseguimos cenar muy ricamente en el Tokio Pop.

25.8.06

NYC III: Estatua de la Libertad - Lower Manhattan

LUNES 7 DE AGOSTO DE 2006
Es una mierda que blogger no me deje subir fotos, porque tenía una espectacular para ilustrar este día.
Tras tomar el tradicional desayuno que comprábamos en el badulaque de enfrente al hotel y nos papeábamos sentados en un poyete de la calle, cogimos el metro, línea 1, hasta South Ferry, donde se toma el ferry que te lleva a la Estatua de la Libertad.

En el metro nos acojonamos porque de repente decían por los altavoces algo acerca de que unos vagones llegaban a South Ferry y otros no, pero no lo entendíamos muy bien. Tuvimos suerte y nuestro vagón llegaba.

Una vez allí, tras atravesar Battery’s Park (que, tal y como dice la canción, it’s down, al contrario que el Bronx, que it’s up) y después de que una amable señora nos explicase que los tickets que ella vendía eran para el ferry que NO para en la Estatua, y nos indicase dónde se compraban los del ferry que SI para, nos pusimos en una cola de tamaño considerable para comprarlos.

Como estos señores son expertos gestionadores de colas, ésta pasó en un pis pas y compramos los tickets para el ferry y el audiotour que Quic no quería y yo sí y que costaba una pasta (por supuesto, siempre me salgo con la mía). Y nos pusimos en una cola aún más grande pero que, gracias a esa estupenda gestión, pasó también relativamente pronto.

Al final de la cola había un señor que tenía un… a ver si consigo describir lo que era… una especie de tambor de metal, dado la vuelta, es decir, boca arriba, que tocaba introduciendo un palo en su interior y dándole vueltas (lo que describo no se parece en nada a la realidad, me temo) y según pasaban los turistas el tipo les preguntaba de dónde eran y acto seguido tocaba de forma increíble una canción típica o relacionada con el país. Si no recuerdo mal a nosotros nos tocó el himno nacional.

Cogimos el ferry y empezamos, bueno, empecé, que a Quic le tocaba un pie, me temo, a acojonarme con el tema de que nos habían estafado con el Audiotour, porque no nos lo daban, y yo había convencido a Quic para que nos gastáramos una pasta en semejante gilipollez. Insulté gratuitamente a diestro y siniestro, pues en cuanto desembarcamos había enfrente un puesto con un cartel enorme en el que te daban el Audiotour en tu correspondiente idioma.

Muy gracioso el Audiotour en cuestión, con la sudamericana que te contaba las cosas con un tono dramático nada apropiado y con el sonido enlatado que iba dando ambiente a la historia. Pero me sirvió para conocer cosillas interesantes.

Por ejemplo, que en los pies de la Estatua hay unas cadenas rotas, que la estructura interior la hizo Eiffel (cosa que sospechaba pero de la que no estaba segura), que inicialmente era dorada, bueno, color cobre, que es el material del que está hecha y que cuando se oxida se torna verde (sabía que los residuos de cobre son verdes, pero no imaginaba que una estatua de cobre pudiera volverse tan tan verde) y que Mr. Pulitzer consiguió el dinero que hacía falta para terminarla haciendo una campaña de aportaciones populares a través de su periódico.

Y, por último, que a los neoyorkinos no les hacía nada de ilusión la Estatua inicialmente, pues consideraban que era francesa, no suya, pero luego le cogieron cariño, principalmente gracias a la campaña de Pulitzer.

Allí comimos unos perritos y volvimos en el ferry a Manhattan (pasando de bajarnos en Ellis Island, que no nos llamaba nada la atención) y nos pateamos el Lower Manhattan, principalmente por el Financial District.

Fraunces Tavern, Charging Bull, Wall Street, la Estatua de George Washington, rascacielos, contrastes, Trinity Church y gente muy trajeada en pleno agosto (en los tíos es más normal, pero flipé de ver a tanta tía con pantalón y chaqueta de traje con el calor que hacía) y la Zona Cero, que hoy en día no es más que un solar de una obra cualquiera, pero que sobrecoge más que nada por los recuerdos que todos tenemos del famoso 11-S. Acojona ver lo enorme del solar y recordarlo lleno de humo, de escombros, con la gente corriendo… Sobrecogen los carteles, las pintadas, las flores, los mensajes…

Y, por supuesto, compramos un montón de cosas, hoy principalmente libros. Muy a destacar una librería de Fulton St., cuyo nombre no recuerdo, pero en la que había muchísimos libros más que apetecibles a precios muy buenos.

Terminamos el recorrido en los muelles, donde nos sentamos a leer un poquito, con el puente de Brooklyn de fondo y donde luego disfrutamos de una cervecita y un cigarrito en una terraza muy agradable.

Una vez descansaditos fuimos a Times Sq., donde cogimos el metro al hotel para ducharnos y cambiarnos.

Ya limpitos y guapitos, nos encaminamos a un garito cerca (+/-) del hotel, que venía recomendado en nuestra guía y que además tenía otro al lado en el que tomarse una copichuela después.

Pero no existía ya, ni el de las copas tampoco. Así que insultemos gratuitamente a la guarrilla que escribió la guía, que, además, la muy puta, hace alabanza de que no se pueda fumar en los garitos.

Volvimos hacia el hotel e intentamos cenar en un Japo (Tokio Pop), pero ya estaba closed, así que cruzamos hacia uno que se llamaba Carne, y en el que en honor a su nombre nos comimos unas hamburguesas que nos supieron a gloria bendita.

24.8.06

NYC II: Harlem - Compras - The Cage


DOMINGO 6 DE AGOSTO DE 2006

A las 09:00 AM habíamos quedado con Marco y su gente para que nos llevaran a dar una vueltita por Harlem. Llegaron a las 09:15, lo cual, aunque nos acojonó un poquillo, a mí me vino muy bien para echarme algún cigarrito.

Llegó un autobús repletito, principalmente de catalanes, (ays, que me perdonen pero qué manía les estoy cogiendo. ¡Están en todas partes!) y empezamos el tour.

Yo, de verdad, que no entiendo mucho estos tours, vamos que no entiendo a la peña que se hace un tour y otro y otro, ¡no ves nada! Desde el autobús te van diciendo: a la derecha tal, a la izquierda Pascual, y si, como en nuestro caso, resulta que vas en la última fila y no tienes ventanas ni a la derecha ni detrás, pues no te enteras de nada.

Luego, cuando paran, te dicen: tenéis dos minutos, y aquello se convierte en una competición de saca la foto antes de que se cuele en medio esa puta vieja. Y claro, realmente no ves el sitio en el que estás, sólo lo fotografías. Y gracias a la maravilla de la tecnología de la fotografía digital, y aprovechando que, total, desde el autobús no ves la calle, pasas de lo que Marco va diciendo que verás a la derecha y aprovechas para ver el sitio que has fotografiado con tu camarita.

- Huy, esta se te ha movido un poquito.

- Claro, no te jode, como que me ha empujado el viejo aquél.

- Ah, y oye, ¿en ésta no se supone que salía yo? Si he posado y todo.

- Sí, estás detrás del bolso de esa señora.

En fin…

Que hicimos una parada en el Memorial al General Grant y después nos adentramos en Harlem, que no es ni de lejos tan fiero como lo pintan.

Hicimos otra parada express en el Cotton Club, y, ante mi absoluta incomprensión, la mitad de autobús pasó de bajar. O sea, os matáis para fotografiar la tumba del puñetero general y no os arrodilláis ante la imagen del Cotton Club. No, si esto me hace entender por qué me convertí en un ser muy poco sociable.
Pues ellos se lo perdieron, porque estaban limpiando el local y allá que nos colamos e hicimos unas fotitos chulas chulas. Pensamos que algún día estaría bien ir a tomarla allí, pero luego el cansancio y mi creciente dolor de gemelos lo hicieron poco probable.

Volvimos al autobús, a sentarnos al lado de la adolescente siniestra (era muy, muy siniestra, rara y algo tonta, toma insulto gratuito) y nos encaminamos hacia la única casa Colonial que queda en la zona (nos preguntamos, clarísimamente, si también nos enseñarían una de la época de antaño). Muy bonita la casa, pero más bonita la calle que había al lado, muy típica, con coche de poli incluido.

Y, hala, a correr, que no llegamos a la misa. Desde el autobús fotografié el Teatro Apollo, y entre el autobús y la iglesia a duras penas fotografié el edificio donde están las oficinas de Clinton, que ha provocado un encarecimiento de la leche en el suelo de la zona.

Y por fin llegamos a la Iglesia para asistir a una misa Gospel. Yo pensaba que sería una misa bastante adulterada, por aquello de que había 10.000 autobuses de turistas en la puerta, y que realmente no tendría nada que ver con lo que es una misa de verdad.

Pero ahora realmente creo que no es así, porque había mogollón de lugareños, que digo yo que no irán si no es una misa – misa.

La cosa es que la Iglesia era en realidad un teatro gigante, con la parte de arriba reservada a los turistas, aunque había también bastantes gentes autóctonas. Cuando subes hay un negro gigante que te dice dónde te sientas, y que luego vigilará todos tus movimientos para que no te descantilles ni un tanto así.

Muy fuerte el detalle de que antes de entrar Marco nos dijera lo siguiente: “Son un poco maniáticos con el tema de que no se saquen fotos, así que para entrar esconded las cámaras y luego ya dentro las sacáis”. Ni que decir tiene que Quic y yo no nos hemos traído ni una sola foto de la misa.

Pero la gente no se cortó ni un pelo. Un tío que teníamos dos filas por delante saca el móvil y hace una foto, el negro grande llega y le dice que nada de fotos, el tío la guarda, el negro se va, el tío saca otra foto, al negro se le escapa, el tío saca una tercera foto y el negro se le acerca, le toca por detrás y le dice, gestualmente, “van dos, a la tercera te vas”. El tío debió cagarse por fin, porque ya no sacó más.

A la salida se vanagloriaba de su hazaña. Dios, me quedé con las ganas de decirle “pero qué grandísimo gilipollas eres, majo” y esta vez no hubiera sido nada gratuito el insulto.

Pero en honor a la verdad he de decir que a mí también me regañó el gordo negro, pero fue un simple error. Estábamos todos de pie, porque el predicador estaba hablando y yo vi que algunos lugareños se iban sentando. Yo estaba reventada, así que siguiendo a los lugareños, me senté. El negro me tocó el hombro y me dijo que “pa arriba, chata, que aquí los lugareños faltan al respeto cuando quieren pero tú no, mientras yo pueda impedirlo” (poco más o menos). Así que me acojoné, me levanté y poco más.

Pero, bueno, a lo que íbamos, que la misa fue acojonante. Tuvimos suerte, pues ese fin de semana tocaba un coro mixto, que son los mejores, los más bonitos. Qué voces, qué pelos como escarpias, qué ganas de llorar de la emoción. De los espectáculos más bonitos que he visto en mi vida. Como decía Quic, es que así claro que mola ir a misa.

Y muy real todo lo de las películas: los negros se levantan, se pasean, gritan, se contonean, aplauden…. Igual que el predicador, que habla bien poco casi siempre para decir Aleluya y poco más. Igualito que los curas católicos españoles, vamos.

No sé, por un lado, da un poco de palo ver como un espectáculo lo que para ellos es una ceremonia religiosa a la que asisten con absoluto fervor. Pero por otro…joder, qué espectáculo.

De vuelta al autobús nos llevaron al centro, y flipamos al descubrir que alguna gente (por no decir gentuza) había contratado un tour… ¡para ir de compras! ¡Para ir de compras por la 5ª Avenida! (no te creas tú que por algún sitio inalcanzable o interesante por sus chollos) ¡Y costaban nada menos que 75 dólares por cabeza! Verdaderamente impresionante. ¿Y qué, para ir a cagar también habéis contratado un tour?

Nos soltaron en la placita donde está la tienda Apple (que no, no me acuerdo cómo se llama la plaza) y allí nos tomamos el primero de los que serían los muchos perritos que comeríamos en esta ciudad, empezamos a caminar e incumplimos el primer plan que me había propuesto: dejar las compras para los últimos días.

Disney, Nike, NBA, Modell´s, Toys ‘r’ us… me volví loca a comprar y comprar. Qué peligro tiene esta ciudad, como dice Naz, esta gente es especialista en vender cosas que tú necesitas llevarte a casa. Mi mejor adquisición (que me costó un precio que prefiero no recordar) fue un pijama de cirujano de Urgencias en la tienda de la NBC.

Cuando nos cansamos de comprar (¿cansarnos de comprar? ¡Nunca!) nos fuimos a ver deporte, que no practicarlo, y estuvimos viendo un partido de basket en la famosa “The Cage”, en la W 4th St., no me digáis que no la conocéis, ignorantes de la vida. Venga, os daré una pista, que hoy estoy generosa: es donde se rodó un famoso anuncio de Nike y allí se juega la liga amateur más famosa de NY, la Liga W4th, que no tenéis ni idea de nada.

De allí cogimos un taxi al hotel, que íbamos cargados como mulas.

Me duché, y mientras Quic hacía lo propio, preparándonos para salir a cenar… me quedé dormida y por más que lo intentó Quic, fue absolutamente incapaz de hacer que me moviera. Incluso una vez me levanté y me puse los pantalones, pero luego lloriqueé y volví a tumbarme.

Quic se hartó y bajó a comprar pizza para cenar, mi trozo me lo desayuné al día siguiente y me supo a gloria bendita.

23.8.06

NYC I: Madrid - NYC, Central Park

SABADO 5 DE AGOSTO DE 2006
Nota de ATT, llevo tres horas intentando subir una foto, pero no hay manera. Una lástima, porque era una obra de arte.

Nos habíamos acostado a una hora semidecente tras acabar las maletas y dejarlo todo preparado. En nuestros papeles del viaje ponía que teníamos que estar en el aeropuerto tres horas antes de que saliera el avión, como éste salía a las 10:35, pedimos al taxi que viniera a buscarnos a las 7:00, para asegurarnos no llegar tarde.

A las 7:15 estábamos en Barajas, T2, en el mostrador de TAP Portugal, y cuál es nuestra sorpresa cuando nos dicen que no, que hasta las 8:15 no podemos facturar. Joder, si nos lo hubieran dicho antes habríamos dormido otra horita, leñe.

En fin, que no recuerdo cómo (creo que haciendo varias compras y poco más), esperamos hasta la hora referida y facturamos. El calvorota de TAP nos dio las tarjetas de embarque para el vuelo Madrid – Lisboa y para el vuelo Lisboa – Nueva York.

Desayunamos, hicimos más tiempo leyendo y haciendo crucigramas y finalmente tomamos nuestro vuelo. Resulta que nuestro amigo Calvorota nos había sentado separados sin avisarnos. La cosa no era grave, simplemente teníamos el pasillo entre los dos. Compruebo las tarjetas de embarque del vuelo a Nueva York… ¡me cago en el puto Calvorota! ¡También vamos separados, Quic tiene el asiento “e” y yo el “g”! ¡En medio irá un “f” desconocido!

- Calvorota es un gilipollas, con lo pronto que hemos facturado no jodas que no había dos asientos juntos, y encima no avisa, y, jo, Quic, yo no quiero ir solita, que me da miedo… ¿Y cómo vamos a hacer los Perdidos avioneros?

-
No te preocupes, Att, yo, que soy un machote de Lanzarote, lo solucionaré. Te lo prometo.

- Mucho más tranquila, dónde va a parar.

Y así llegamos a Lisboa, donde ávida de humo corrí en busca de la zona de fumadores, me eché un cigarrito y llamé a Naz, con quien puse a parir debidamente al jodido Calvorota.

Tras pasar un “control de seguridad” de lo más absurdo (si eso es seguridad, yo soy Juana de Arco) subimos al avión, y ahí cuando empezamos a envainárnosla. Resulta que estamos en la fila 42 y, en esa fila, en ese avión, no existe el asiento “f”, por lo que Quic y yo vamos juntos y hemos insultado gratuitamente durante horas al pobre Calvorota. Eso de insultar gratuitamente será una constante en este nuestro viaje, aunque aún no lo sabíamos.

El avión despegó y allá que íbamos nosotros. El vuelo fue bastante bien. Nos dieron comida, leímos, dormimos, escuchamos música, vimos dos Perdidos avioneros (nos habíamos llevado el portátil a tal fin) y volvimos a comer.

Finalmente, aterrizamos. Quic me había preparado para pasar el control de seguridad. Porque no te creas tú que los guardias hacen el mínimo esfuerzo para que les entiendas, y si no hablas inglés, te jodes.

Allá que llego yo y un negro gordo con cara de mala hostia me suelta ¿Weyuheindeiues? Y yo ¿Ein? Y él ¿Weyuheindeiues? Y yo ¿Ein? Él gruñe, y yo Excuse me, but I don’t understand you (con mi mejor inglés y mi cara de por favor no me mates). Y él, desesperado, ¿Why-are-youuuuuuu-hereeeeeee-in-the-U-S? Y yo, Aaaaaaaaaaaahhhhh, vaaaaaaleeeeee… HOLIDAYS (Me hubiera acordado de la dichosita canción de Madonna si no hubiese sido por mi convencimiento de que el negro iba a sacar una metralleta y me la iba a meter por el culo antes de dispararla de un momento a otro).

La cosa es que me tomó las huellas dactilares, me hizo una foto, me puso un sello y me grapó la carta verde al pasaporte y me dejó pasar. Creo que aún hoy, 14 días después, me siguen temblando las piernas.

Cogimos las maletas y salimos, allí nos esperaba un señor con un cartel que rezaba, entre otros Familia Quic - Att, para llevarnos al hotel. Pero no éramos los únicos a los que el mismo tío llevaba, así que en lo que esperamos a que vinieran los que faltaban, me salí a fumar un cigarro, que estaba ya que no podía (Quic afirma que me salí a fumar DOS cigarros, pero yo no lo recuerdo así).

Un rato después estábamos ya todos los turistas y Marco, que así se llamaba el señor, empezó a repartirnos. Habíamos aterrizado en el aeropuerto de Newark, que realmente está en New Jersey, no en Nueva York, pero no está muy lejos.

En el camino hacia NYC atravesamos un largísimo túnel cuyo nombre no consigo recordar (¿puede ser túnel Holland?), pero respecto del que Marco nos informó oportunamente que había sido escenario de la peli “Pánico en el Túnel”. Así me gusta, desde el principio viendo escenarios de peli, pensé yo.

A la salida del túnel Marco paró a echar gasolina, y echó 90 litros más o menos. Yo flipé, porque la pobre Mari Puri se llena con cuarenta.

Durante el trayecto Marco nos fue informando de los diversos tours por los que su empresa se embolsa una considerable cantidad. Nosotros decidimos contratar el tour “Harlem – Misa Gospel” por aquello de que ir solos por Harlem y colarnos solos en una iglesia no nos parecía de lo más apropiado.

Otros chicos contrataron el tour “NY nocturno” y el tour “contrastes”. Los contrastes serán otra constante en este viaje.

Fuimos dejando a todos los demás en lujosos hoteles del centro y nosotros, que somos más humildes que yo que sé, nos quedamos en el Marrakech Hotel, de dos estrellas, cutre-cutre, pero con encanto, y adecuado para hacer su función de lugar donde dejar las cosas, lavar y dormir.

Estaba un poco alejado del centro, en el Upper West Side (en la parte oeste- arriba de Central Park, Broadway con la 103, para ser exactos), pero teníamos el metro en la puerta, y en 10 – 15 min. estábamos en Times Sq. Así que ni tan mal.

Eran más o menos las 17:00 en Nueva York, más o menos las 23:00 en España, y nosotros nos habíamos levantado a las 6: 00 de la mañana. Pero no podíamos dormir hasta que fuera por la noche en NYC, porque si no arrastras el jet lag durante toda la semana.

Así que, para aguantar, nos fuimos a dar una vuelta por Central Park, que nos quedaba cerca.

Vimos a unos tíos representando teatro en mitad del parque, para niños (Quic mantiene que no era para niños), y había un montón de gente viéndolos. Los tíos de vez en cuando salían corriendo y se iban a otro terreno de césped, y toda la peña se levantaba y les seguía corriendo. Molaba un montón, pero yo no entendí nada de nada de lo que decían.

Luego vimos a gente jugando al baseball. Y es que había yo no sé cuántos campos en medio del parque.

Luego nos perdimos, y nos encontramos, y nos volvimos a perder….Y caminamos, caminamos, caminamos…. Y estábamos buscando la estatua de Alicia en el País de las Maravillas, que a mí me hacía mucha ilusión hacerme una foto allí, pero no había manera. Preguntamos, nos indicaron… (un chaval de nuestra edad que según le paramos le dijo a quic “Yes, Sir” , mientras yo flipaba con ese exceso de educación) y nos volvimos a perder…. Y se hizo de noche… y nos empezó a dar miedo… y, total, que salimos del parque sin encontrarla, 30 calles más a bajo de nuestro hotel y en el lado este. Así que cogimos un taxi para que nos llevara al hotel.

Una vez allí, cenamos en un restaurante francés que había enfrente, Le café du soleil me recuerda Quic que se llamaba. Un paté y unos Moules et frites, muy rico todo. Y nos fuimos al hotel a dormir, que estábamos reventados.

31.7.06

On the town.


Me piro, por fin, de vacaciones. En unas horas abandonaré este despacho, esta mesa, este ordenador, para no verlos más hasta septiembre.
He de ocuparme de un par de cosas esta semana, pero lo haré en vaqueros y sin pasar por aquí, sin madrugar y sin atender a ningún cliente pesado. Un placer.
El sábado por la mañana cojo un avión rumbo, previa escala en Lisboa, a Nueva York, esa ciudad de la que todo el que ha estado asegura haberse enamorado nada más poner en ella un pie.
Por cuestiones que ya contó Quic, sólo estaremos una semanita. Pero espero exprimirla al máximo.
Lo que más me apetece es reconocer sitios por la calle. Aquéllo de "Mira, ahí es dónde Woody Allen dijo aquéllo" o "En esa esquina estaba la casa de Mónica". Por ello, el sábado adquirí Un día en Nueva York (On the town) y pienso hacer estos días que me quedan una maratón de pelis de Allen.
¿Soy paleta? Sí, ¿y qué?. Estoy deseando aterrizar allí y sentirme como Alfredo Landa.
Pienso ver todo lo que pueda, comer todo lo que pueda, beber todo lo que pueda, fumar como una apestada todo lo que pueda, comprar todo lo que vea.... Sólo hay una cosa que no tengo ninguna intención de hacer, algo que hizo mi madre hace unos taitantos años: concebir un hijo.
Hala, ahí os quedáis. No sé si volveré antes de septiembre o no. En cualquier caso, que paseis un buen verano, mis queridos blogovidentes.

26.7.06

Historias de piscina.


Yo no tengo piscina en casa, ni en la de mis padres, ni en la casa de la playa. Lo más parecido a una piscina que hay en mi entorno es una piscina vacía, con filtraciones y con la depuradora rota que hay en casa de Mari-Ici, y una piscina hinchable para niños tamaño industrial que ha puesto Mari-Ici en su jardín (para suplir las carencias de la otra) y en la que me he remojado este verano una sola vez.

Todas las semanas me planteo ir al menos un par de veces a la piscina pública, pero por unas cosas u otras al final no voy. Sin embargo, me encanta la piscina, me gusta casi más que el mar, aun cuando la considero mucho menos higiénica.

Todos mis recuerdos de verano de mi niñez (y por niñez me refiero a todo el tiempo transcurrido desde que tengo memoria hasta que empecé a currar, y a tener sólo un mes de vacaciones) van estrechamente ligados a una piscina en concreto, en la que recuerdo haber pasado prácticamente los mejores ratos de mi vida.

Y no sé por qué le tengo tanto cariño a esa especie de alberca, cuando en las piscinas en general he tenido experiencias verdaderamente atroces. A saber, a modo de ejemplo:

- Contaba yo con más o menos tres añitos, y me daba miedo subir al trampolín alto de esa piscina en concreto de la que digo tener tan buenos recuerdos. Uno de mis hermanos mayores, concretamente con 19 años más que yo, me convenció para subirme con él, bajo la vil argucia de prometerme tirarse conmigo en brazos, de pie y sin soltarme hasta que entraramos en el agua. Acepté, subimos a aquél trampolín cuya altura no recuerdo (pero creedme, era muchísima, sobre todo comparada con la mía en aquella época), me cogió en brazos, saltó y en el preciso instante en que sus pies tocaban sólo el aire, no sólo me soltó, sino que realmente me lanzó hacia arriba, empecé a dar vueltas y finalmente estrellé mi panza contra el agua en un acto doloroso que aún hoy, 23 años después, me pone los pelos de punta recordar.

Qué leche no me daría que todos mis hermanos, presentes en aquél cruel y doloroso momento, se tiraron a por mí al agua ante el unánime pensamiento de "la niña s´ha matao".

- Desde entonces le tuve terror a las alturas, a los puentes y a ese trampolín en concreto. Terror que se me ponía en el corazón y en la garganta cada vez que veía a uno de "los mayores" hacer el gilipollas saltando de ese trampolín, pero, en lugar de hacerlo hacia el frente, hacerlo de lado, desafiando la posibilidad de hostiarse contra el trampolín mediano (que estaba en la trayectoria lateral) o, en su defecto, contra el bordillo de la charca.

Eso le ocurrió unos cuantos años después a un hombre al que no conocía, que se tiró de lado y se abrió la cabeza contra el bordillo. Creo recordar que no murió, pero que fue un acontecimiento que podríamos calificar como muy desagradable.

- De por sí aquella piscina era un desafío contra la higiene, principalmente porque los miércoles hacíamos en ella fiestas con barra libre de cerveza y sangría que duraban hasta altas horas de la madrugada y en las que, os podéis imaginar, en la piscina se derramaban toda clase de líquidos (con y sin tropezones), excepto cloro precisamente. Ahora, que nosotras, ni cortas ni perezosas nos metíamos en la piscina al día siguiente de las fiestas, no sólo para limpiar el fondo y paredes de la misma, sino, muy principalmente, para agenciarnos la pasta que se le había caído a la gente que, voluntaria o forzosamente, se había dado un chapuzón con toda la vestimenta.

Mítica es aquella vez que, a la mañana siguiente a una fiesta, encima de una mesa fueron encontradas dos huellas humanas, y, entre las mismas, una excreción de considerable dimensión (una pedazo de mierda, vaya). Vale que no es en el agua piscinera, pero es su entorno, así que me vale como anéctoda de piscina.

- Y, por último, no puedo dejar de contar otra experiencia, en otra piscina, pero del mismo modo, altamente desagradable. Fui con mi hermana mayor y con una amiga de aquella epoca colegial a una piscina capitalina. Como era un dia de libertad sin padres, nos hinchamos a comer guarrerías, a tirarnos "a bomba", a corretear y a jugar, hasta que forzosamente hubimos de abandonar la piscina bajo riesgo de que nos obligaran a limpiar el estropicio que mi amiga hizo al vomitar en el agua los tropecientos frigopies que se había comido. Estropicio que yo incremente al vomitar ante la asquerosa imagen que regurgitación rosadita de mi amiga flotando en el agua.

Umm, qué ganitas de verano, de piscina y de sardinas asadas.

18.7.06

Tiempo libre.


Ha llegado el verano y, con él, la maravillosa jornada intensiva.
Mientras para la mayoría los términos jornada intensiva significan trabajar de 9 a 15 o, a lo sumo, de 8 a 15 h. Para mí implica trabajar de 9 a 17 h. sin parar a comer.
Mucho mejor que el verano pasado, en el que esas dos, en teoría, maravillosas palabras significaban trabajar de 10 a 22 h. minuto arriba minuto abajo, sin parar a comer tampoco. Jornada intensivaquetecagas, le llaman a eso en mi pueblo.
Pero este año yo ya no pringo tanto como el pasado, y soy de lo más feliz saliendo a las cinco de la tarde, con todo el calorón.
Con este empacho de tiempo libre me ha dado tiempo a poner mi vida medianamente en orden. A saber, estas son las cosas en las que he empleado mis horas de libertad:
- Me he comprado cuatro pares de zapatos y dos vestidos.
- He ido al médico y, después, me he hecho un montón de pruebas de las que, muy probablemente, ese mismo médico deducirá el próximo lunes que estoy estresada (queda pendiente un post sobre las últimas tendencias médicas en lo que se refiere a achacar cualquier síntoma al estrés, ese gran desconocido).
- He puesto en orden los papeles de la moto, que ha pasado (o pasará en breve, vaya) de estar a nombre de mi cuñado a estar al mio propio.
- Me he hecho socia del RACE.
- He contratado, por fin, un seguro para la moto a mi nombre.
- He llevado a Mari Puri (mi cocha) al taller.
- Me he cargado a Mari Puri.
- He llamado al RACE para que se la llevaran al depósito.
- He vuelto a llamar al RACE para que la llevaran al taller.
- He perdido la noción de dónde coño estará ya mi Mari Puri del alma.
- He localizado mi pasaporte viejo, un día de éstos sacaré tiempo para ir a renovarlo.
- He archivado millones de facturas y papelitos que se amontonaban en un cajón.
- He hecho mi declaración de IRPF anual.
- He hecho mi declaración de IVA trimestral.
- He puesto al día los cobros pendientes.
- He reservado mesa para llevar a cabo esta noche la institucionalizada Cena de los Martes de Mierda te Hartes.
- Me he puesto al día en los capítulos de Alias, Medium, la Casa Blanca y Perdidos.
- He hecho muchos días la cenita para Quic y para mi.
- He contratado un viaje que a lo mejor cancelo o a lo mejor cambio de fecha.
- Me he bajado un juego del e-mule (señores de la SGAE, ni puto caso a este comentario ¿eh?), me he enviciado con él y estoy atrapada en la última pantalla.
- He hecho gazpacho por primera vez en mi vida.
- He puesto un montón de lavadoras.
- He colgado cuadros (preciosos, como los asiduos a este blog ya sabeis).
- He ido al banco.
- Y he bebido horchata y comido picotas.
Todas estas cosas podrán parecer chorradas, pero cuando nunca tienes tiempo de hacerlas, el simple hecho de ir a hacerte una analítica puede saberte a gloria bendita.
Eso sí, desde hace una semana tengo en el despacho una bolsa de deporte llena de cosas para ir a la piscina, el día que le dé uso seré feliz del todo.

11.7.06

Malena es un nombre de tango.

No, no he venido a hablar de ningún libro, ni siquiera del mío, sino de niños. Concretamente, he venido a hablar de las preguntas incontestables que hacen a veces algunos niños. Y, más concretamente, he venido a hablar de mi sobrina Malena.
Los niños, por lo general, son mucho más listos de lo que los adultos (ups, ¿me estoy incluyendo en el término "adultos"?) creemos. No por ser personas pequeñas son personas gilipollas, y llega un momento en que los cuentos chinos que les contamos para explicar aquellas cosas que nos resultan... digamos... incómodas, no cuelan ni de coña.
Y si el niño, encima, es algo más listo que la media, vas jodidamente directo al ridículo más espantoso cuando intentas explicarle algo.
Es el caso de mi sobrina Malena, que no es porque sea mi ojito derecho, a la que cuidé de niña, con la que compartí sus primeros pasos, sus primeras palabras, e incluso la primera vez que comió con tan sólo unas horas de vida. No es que se me caiga la baba porque sea la única niña de los siete (camino de ocho) sobrinos que tengo, no. Es que la cabrona es muy lista, leñe, y siempre te deja fatal.
Alguna de sus perlas:
1.- En casa de mi madre, católica, apostólica y romana, cuando nos reunimos todos a comer se lleva a cabo el rito de rezar todos en familia. Hace no demasiado, estando mi sobrina presente tuvo lugar la siguiente escena:
Malena: ¿Por qué rezamos?
Respuesta: Para darle gracias a Dios.
Malena: ¿Por qué?
Respuesta: Por la cena que vamos a tomar.
Malena: ¿Y por qué le damos las gracias a Dios, si la cena la ha hecho la abuela?
Respuesta: Come y calla, que la cena se está quedando fría.
2.- Los padres de una niña de su cole se separaron, y uno de ellos (pongamos, por ejemplo, la madre) se fue a vivir con una nueva pareja. Escena:
Malena: Mamá, ¿por qué la madre de Fulanita vive ahora en otra casa, con otro señor?
Madre: Porque le gusta más ese señor que el padre de Fulanita. A veces la parejas se separan y a veces es porque uno encuentra a alguien con quien lo pasa mejor, o que le trata mejor... con quien se divierte más...
Malena: Entonces ¿cuando encuentres a alguien mejor que papá te vas a ir con él?
Madre: No
Malena ¿Y por qué no, si es mejor?
Madre: Porque no hay nadie con quien yo vaya a estar mejor que con papá. Papá es el mejor.
Malena: ¿Y cómo lo sabes, si no conoces a todos los hombres del mundo?
Madre: Ve a ver que hace tu hermano, anda.
Pues eso.

5.7.06

Lazos familiares.



La imagen que veis a la izquierda no tiene nada que ver con el post de hoy, sino que es uno de los cuadros de los que hablaba ayer.

Es tan bonito que no he podido resistir la tentación de colgarlo. Y como este blog lo escribo yo, al que no le guste, que se joda.

Pero como digo, lo que vengo a contar no tiene nada que ver. Hoy vengo a hablar de mi familia. De mi familia paterna, concretamente.

Sólo tengo el (dudoso) placer de conocer a mi familia paterna más directa: tíos y primos hermanos (y de estos últimos creo que no les pongo cara a todos). En mi defensa diré que son muchos, mucho mayores que yo y, en su mayoría, bastante indeseables, al menos ésa es la impresión que me he llevado en lo poco que he tratado con ellos.

La cosa es que tengo un primo (segundo, o tercero, qué sé yo) al que hasta ayer sólo conocía de oidas. Se dedica a lo mismo que yo, y como tenemos un apellido curioso, muchas veces he oído eso de "Anda, te apellidas TT, ¿no conocerás a B.TT?" ante lo que yo salía con un trastabillado "Si, bueno, creo que es mi primo, pero no, no lo conozco".

Esta escena tuvo lugar ayer, en una sucursal de mi banco. Escasos minutos después el Sr. del banco me dijo "Mira, ése que entra es tu primo". Y me lo presentó.

Estuvimos hablando unos minutos y resulta que hace unos meses coincidimos en una reunión familiar y ni siquiera recordábamos habernos visto. El hombre del banco no daba crédito. Joder, que en esa reunión había unas 100 personas y yo no tenía ningún interés en hablar con todas ellas. Me dediqué a beber cerveza y hablar con aquellos que de antemano sabía que me caían bien, la mayoría de ellos mis hermanos.

Bueno, también entablé conversación con dos "nuevos" primos, pero es que estaban realmente de muy buen ver, y merecía la pena el esfuerzo...

Pero, a lo que iba, el tio del banco se quedó realmente flipado de que tuviera un primo (ojo, primo lejano) al que no conociera. ¿Por qué esa manía de la gente con que la familia ha de estar unida? ¿Y si me caen mal? Porque no es sólo que muchos de mis primos paternos me caigan mal, sino es que alguno de mis hermanos (somos un porrón) me cae fatal, joder.

¿Por qué tengo que relacionarme con ese ser más allá de lo estrictamente necesario? ¿Sólo porque nos parió la misma (santa) mujer? ¿Y con mi primo B.TT? ¿Tengo que conocerle sólo porque mi padre y el suyo tienen algún tipo de parentesco que ninguno de los dos acertamos ayer a concretar?

Pues eso, que entre que el del banco flipa con que no conozca a mi primo y que mi hermano el indeseable se empeña en llamarme cada fin de semana para que vaya a su infecta casa a cenar con mi "mozo" (es él el que usa esa expresión, que conste), estoy de la familia perfecta hasta los mismisimos.

4.7.06

Es que los cuadros visten mucho.


El sábado pasado Quic y yo nos pusimos el disfraz de Kristian Pielhoff y nos dedicamos a vestir la casa (siempre me ha hecho mucha gracia esta expresión).
Mediante préstamo de mi Sra. Madre, nos hicimos con un taladro y tras superar varias crisis (vale, la crisis de histerismo fue mía, a Quic se la sudaba bastante) de "este taco no encaja con esta escarpia y no tengo broca para éste" (ahorraros el comentario de "¿no conoces los cuelga fácil?", por favor), empezamos la ardua tarea de medir, visualizar, taladrar, colgar... No necesariamente por ese orden.
Quic demostró que no soy el único hombre que habita nuestra morada y se mostró muy ducho en el arte del berbiquí y la barrena.
Ahora nuestra casa está muy bonita, adornada con los siguientes carteles de película (que el Sr. Padre de la usuaria anónima también conocida como mensajera/loba tuvo a bien convertir en cuadros de diseño exquisito):
- In the mood for love, cuya belleza podéis observar en la imagen adjunta y que es muy Quic-ATT, aunque más Quic.
- Scarface, éste es más Quic, claramente, y también un poco homenaje a Barri Hater.
- Singin' in the rain. Éste es claramente ATT.
- Hoosiers. Absolutamente Quic.
- Le Fabuleux destin d'Amélie Poulain, muy ATT y un poco Quic.
Además, colgamos un cuadrito rollo tribal con el que nos hicimos en una escapadita deportiva a Barna.
En este momento nos queda por colgar:
- Qué bello es vivir: clarísimamente ATT.
- InFanta de Naranja e InFanta de Limón, clarísimamente Quic.
Es una casa equilibrada, vive Alá.

30.6.06

Las extravagancias de Su Señoría

No salgo de mi asombro. Las carcajadas (aun cuando en realidad el tema es para llorar) me impiden comentar la noticia. Así que, simplemente, aquí la dejo:

Acusan a ex juez de masturbarse durante sus juicios
Washington, (EFE).- La conducta "inquieta" de un ex juez durante sus juicios en Bristow (Oklahoma) podría incluir más de quince masturbaciones con una bomba de alargamiento de pene, según los argumentos de la acusación en el pleito que se sigue contra él.
En un proceso que tiene estupefactos a los habitantes mayoritariamente conservadores de Bristow, en pleno corazón de EEUU, el juez retirado Donald Thompson tiene que defenderse de cuatro cargos de exhibicionismo, que podrían acarrearle diez años de cárcel cada uno y la pérdida de su pensión mensual de 7.489 dólares.

Según medios de prensa locales, Thompson, de 59 años, declaró en su testimonio ante el jurado el pasado martes que la bomba era una broma que le había regalado un amigo suyo y que tal vez la accionó de forma inconsciente en alguna ocasión.
Sin embargo, enmarcó esta curiosa afición dentro de su habitual "conducta inquieta" en los juicios, que presidió durante 23 años hasta 2004.
Este comportamiento inquieto incluía pulir sus zapatos, liar cigarrillos o mascar tabaco, pero no exhibirse o masturbarse, algo que es "inconcebible y desafía el sentido común", dijo. (A lo que yo añado: "vamos, no me jodas")
El problema para Thompson es que una relatora de su tribunal, Lisa Foster, ha afirmado que escuchó cómo el juez accionaba la bomba durante los juicios y un agente de policía llegó incluso a fotografiar el artilugio.
Foster describió cómo había escuchado un ruido extraño y se dio cuenta de que provenía del sitio donde estaba el juez.
Según la relatora, entre 2001 y 2003 vio a Thompson exhibiéndose de manera indecente por lo menos quince veces.
Durante un juicio en 2002, dijo Foster, escuchó el ruido de la bomba de succión mientras un hombre, muy emocionado, daba testimonio en el juicio por el asesinato de su nieto.
"El abuelo tenía los ojos humedecidos y el juez estaba ahí arriba dándole a la bomba. Fue nauseabundo", declaró.
Los momentos escabrosos se han mezclado a la lo largo del juicio con otros de risa nerviosa por parte del jurado, como cuando un hombre que había sido jurado en un juicio con Thompson declaró que había oído el aparato, aunque no lo había visto.
Cuando los fiscales le preguntaron cómo sabía que el ruido correspondía a una bomba de alargamiento del pene, él dijo que había visto esos artilugios en películas como "Austin Powers" o "Dead Man on Campus".

La intervención del urólogo Edward Dakil provocó las mayores carcajadas, cuando defendió el uso de este tipo de bombas frente al abogado defensor, que alegaba que es un tratamiento obsoleto para la disfunción eréctil.

"Yo todavía los uso", declaró Dakil.
"*Usted, personalmente?", le inquirió el abogado.
"`No! Los recomiendo como urólogo", respondió. EFE

28.6.06

El placer de comer. Hoy: Arroz con costillejas.


Hay quien me tiene linkeada por ahí, manifestando, entre otras cosas, que éste es un blog de recetas.
Para no dejarles por mentirosos (no es que me importe demasiado, pero vaya), es hora de que vuelva a éste, mi blog, la sección "el placer de comer".
Esta semana, os pondré los dientes largos con el arroz con costillejas del que mi santo y yo dimos buena cuenta el pasado sábado.
Ingredientes para dos personas, durante varios días:
Medio kilo de costillas troceadas (frescas, no adobadas). Ante la sugerencia de Hans, lo aclaro: costillas de cerdo, nunca, nunca, nunca de cordero
Una alcachofa.
Un puñado de judías verdes.
Un poco de cebolla.
Medio pimiento verde.
Unos cuantos ajetes o, en su defecto, dos dientes de ajo (yo no encontré ajetes y se me olvidaron los dientes de ajos, y quedó bueno igual)
Medio calabacín (esto fue invención mía en sustitución de los ajetes).
Dos tomates.
Pimentón dulce, sal, pimienta y colorante alimencio (a ser posible, marca Dia).
1 vaso de arroz.
Modo de preparación:
En la olla express se sofríen las costillas, una vez han perdido el color sangre, se cubren de agua, se cierra la olla y se deja hasta diez minutos después de que haya empezado a salir vapor. Reservar.
En la paellera (en su defecto, sartén grande, como en mi caso) se sofríen la alcachofa, el pimiento, la cebolla y el calabacín (si os acordáis de los ajetes o el ajo, también), todo ello muy troceadito.
Cuando está casi sofrito lo anterior, se añaden los dos tomates bien troceaditos, la pimienta, el pimentón y la sal y se deja un rato a fuego lento.
Se añaden las costillas y el caldo en el que éstas se han hervido (para dos personas calcular unos tres vasos de caldo).
Cuando empiece a hervir lo anterior, se le añade un vaso de arroz y el colorante.
Se deja a fuego medio unos veinte minutos. Luego se aparta del fuego y se deja reposar el tiempo que tardas en poner la mesa y abrir el vino. Y listo para zampar.

20.6.06

Extrañas coincidencias.

El comentario que Sue ha hecho aquí, me ha recordado automáticamente al espectacular anuncio que la cerveza Reina hizo para los Carnavales de Tenerife, no sé exactamente qué año, creo que el pasado.
Cuando he llegado a casa, Quic, espontáneamente, me ha dicho que el comentario de Sue le recordaba a ese mismo anuncio.
La coincidencia me lleva a no poder resistir la tentación de colgar, por primera vez, un vídeo en éste, mi blog. Éste es el anuncio en cuestión, que, según tengo entendido, por problemas de logística, podréis ver todos menos Sue:

19.6.06

Somos borregos.


Los humanos somos borregos por naturaleza, lo tengo comprobado.
1.- Últimamente estoy llevando a cabo una labor experimental en los semáforos: cuando voy en Severa, me paro al lado de un coche, con el semáforo aún en rojo, acelero un poquito. En el 95 % de las ocasiones, el coche que tengo al lado avanza medio metro antes de darse cuenta de que el semáforo está rojo. Me dan ganas de gritarle ¡no te fies de mí y mira el semáforo, so borrego!
2.- Otra de semáforos: cuando al pasar un semáforo en ámbar fuerte, de esto que piensas "uff, por los pelos", miras por el espejo y siempre hay un coche que lo pasa pegado a tu culo. Joder, si yo lo he pasado por los pelos, ése se lo ha saltado en toda regla. Pero, claro, el de atrás pensará, si ése lo ha pasado, a mí también me da tiempo. Borrego.
3.- Los fumadores: somos un ejemplo claro de borreguismo. ¿Cuántas veces no encendemos un cigarro única y exclusivamente porque nuestro interlocutor se lo ha encendido?
4.- Los bebedores: más de lo mismo. ¿Cuántas veces no apuras una copa porque tu acompañante se va a pedir otra? Claro, que he de reconocer que esto a veces no es por borreguismo, sino por vagancia. Te ahorras un viaje a la barra.
Iba a hacer una conclusión, pero luego los haters se meten con los que escribimos un post estructurado, y yo, cual borrega que soy, siempre hago caso a mis mayores.

8.6.06

Poesía en estado puro


Lo ha dicho Veli aquí. Y aún cuando, es lo cierto, Quic debería hacer un monográfico sobre el tema, no he podido resistir la tentación de robar la idea y aprovechar la oportunidad de una actualización fácil.
Qué quereis, estoy de curro hasta arriba.
No recordaba yo el dramatismo, la profundidad, el compromiso social, la denuncia, la lírica, la belleza, el sentimiento, la emoción... en definitiva, la poesía en estado puro que encierra la canción, por qué no decirlo, la obra maestra que fue el tema Sopa de Caracol.
Googleleando he encontrado varias versiones de la letra de esta exquisita pieza. Me quedo con ésta:
Hepa!
Watanegui consup Iupipati Iupipati
Wuli Wani Wanaga
Watabuinegui consup Watabuinegui wanaga
Si tu quieres bailar, Sopa de caracol Eh!
Watanegui consup Iupipati Iupipati
Wuli Wani Wanaga
Iupe! Iupe!
Watanegui consup Wuli Wani Wanaga
Con la cintura muévela Con la cadera muévela
Si lo que quieres es bailar Si lo que quieres es gozar
Si tu quieres bailar, Sopa de caracol
Eh!
Watanegui consup Wuli Wani Wanaga
Watanegui Consup Iupipati Iupipati
Wuli Wani Wanaga
Iupe! Iupe!
Watanegui consup Wuli Wani Wanaga
Watabuinegui consup Watabuinegui wanaga
Si tu quieres bailar, Sopa de caracol
Eh!
Watanegui consup Wuli Wani Wanaga
Iupe! Iupe!
Watabuinegui consup Watabuinegui wanaga
Sacude! Sacude!
La cintura
Eh!
Saben quién llegó? Banda Blanca! Ricki-Tiki
Afloja la cadera! Eh! Cadera! Eh! Eh! Eh!
Watanegui consup Iupipati Iupipati
Wuli Wani Wanaga Iupe! Iupe!
Watanegui consup
wuh!
Wuli Wani Wanaga
Con la cintura muévela Con la cadera muévela
Si lo que quieres es bailar Si lo que quieres es gozar
Si tu quieres pedir Sopa de caracol
Eh!
Watanegui consup
Wuli Wani Wanaga
Se queda! Eh!

1.6.06

Estar de Rodríguez es una caca


Se supone que en esos días en que la pareja se va de viaje y te deja solo en casa, de Rodríguez, uno debe sentirse liberado, aprovechar para disfrutar de su soledad, para hacer esas cosas que no hace con la pareja... Que debe ser guay, vaya.
Pues para mí no lo es. Vale que yo soy una tía, y el término Rodríguez en este sentido siempre parece que vaya referido a los hombres que se libran unos días de "la parienta".
Obviando la gilipollez de que sólo el hombre pueda sentirse aliviado cuando la pareja se pira, resulta que en casa yo hago las tareas de bricolaje y a él le gusta ir de compras. Así que el término en cuestión me lo puedo pretender aplicar a mí misma si me da la gana.
Bueno, a lo que iba. No disfruto de mi Rodriguecería. Es un rollo patatero y un cansancio absoluto.
Ahora de verdad aprecio (antes también, aunque no lo dijera, pero ahora más) lo guay que es dividir las tareas de la casa y, sobre todo, sobre todo, sobre todo, lo maravilloso que resulta que mi santo asuma prácticamente todas las tareas en esas semanas (como la que nos ocupa) en las que curro catorce horas al día: encontrar la cena hecha cuando llego, la ropa limpia y recogida, que no haya trastos por medio, que haya comida en la nevera, que se haya sacado la basura... Y todas esas cosas de las que no puedo ocuparme cuando el curro me saca del mundo, pero que siguen en marcha casi sin que lo perciba.... hasta que no es así.
Llevo una semana comiendo crema de puerros (¿cómo coño se escribe? ¿vichesoi?), queso brie, paté y una hamburguesa del burriquín.
Pero esto no es sólo una cuestión de por el interés te quiero Andrés, no. No sirvo para estar sola.
Me crié en una casa repleta de gente, me gusta el bullicio, me gusta la compañía.
Disfruto de ciertos momentos de soledad. Por ejemplo de esos domingos en que mi santo trabaja, y yo no, y me quedo en casa, y lloro con el telefilme y me doy un bañito caliente, me pongo buena música, un buen libro, una copita de vino... Pero ya. Me basta con unas horas de vez en cuando.
Es un auténtico rollazo llegar a casa y que no haya nunca nadie. No tener con quien comentar las noticias o lo capullo que es House, echo de menos abrirme una cervecita y contarle tonterías mientras él acaba la cena... echo de menos compartir los momentos, jobar. ¡Esta mañana no he podido comentar con nadie la muerte de la Jurado!
En estos días me estoy quedando alucinada con algunos amigos míos que disfrutan viviendo, saliendo y viajando solos. A mí me parece un peñazo.
Así que, a partir de ahora, me parece genial que Quic se vaya de viaje, pero que me deje a alguien en casa para hacerme compañía, leñe.

30.5.06

Gastando el dinero que no tenemos.


El sábado pasado mi santo y yo fuimos a exponernos a un brote de alergia y a gastarnos el dinero que no tenemos en la feria del libro que estos días le da vidilla al parque de El Retiro.
Plenamente conscientes de lo paupérrimo de nuestra economía familiar, nos pusimos un límite de gasto antes de salir de casa. Y sacamos del banco el dinero justo.:Si no llevas más encima, no gastas más, aun cuando la tentación sea grande.
Mentira. Por supuesto, nos pasamos del presupuesto y la última adquisición la hicimos a golpe de tarjeta.
Gracias a Dior habíamos reservado mesa para cenar, por lo que antes de perder los papeles del todo, nos marchamos.

Estando en la feria nos encontramos repetidamente con Sue y D. que andaban haciendo una cola tras otra. Para tranquilidad de todos, os diré que Sue no agredió a ningún autor discapacitado, al menos en mi presencia.

En fin, a lo que íbamos. Estas son las adquisiciones que hicimos:

- El porqué de las cosas, Quim Monzó. No sé por qué, pero me llamó tanto la atención como para comprarlo.
- Memoria de mis putas tristes, Gabriel García Márquez. Le tengo ganas desde hace tiempo, tenía buen precio, así que me lo llevé.
- Si Sabino viviría, Iban Zaldua. No me digais que viendo esta portada y esta sinopsis no os apetece leerlo. Quic, cual friki que es, se lanzó de cabeza a por él y le pidió una dedicatoria al autor que aún no he conseguido entender, y eso que está en castellano.
- Alá Superstar, T.B. Por lo visto, el autor firma así por su propia seguridad. El señor que lo vendía nos preguntó si habíamos leído no sé qué artículo en no sé que medio, porque decía que se habían disparado las ventas desde que se publicó la reseña. Quic le dijo que no, que a él le basta y le sobra consigo mismo para conocer libros interesantes (o a lo mejor no le dijo eso, sino que lo pensé yo).
- El libro negro de las mafias, Albert Castillón. Pasamos por delante, Quic llamó mi atención. Miré la contraportada, la leí y dije "Hombre, puede estar interesante". Quic dijo: "Creo que este chico piensa lo mismo". Sí, sí, era el autor. Nos pusimos a hablar, y al final lo compré más por vergüenza que por otra cosa, porque, hombre, interesante puede ser, pero yo hubiera esperado a que bajase de precio.

Y esto es todo amigos, que aunque no lo parezca, llevo desde esta mañana para escribir este peñazo, y son las 18:53 h. Hala, a mamarla.




24.5.06

Madre no hay más que una, y a ti te encontré en la calle.




Feminista que está una, hoy quiero hacer un sentido homenaje a las mamás, esos seres que más que humanos son súper héroes que, cual un McGiver cualquiera, son capaces de hacer mil cosas a la vez sin siquiera despeinarse.

Hace ya tiempo que Quic le dedicó este post a su supermamá particular.

Yo quiero dedicar éste a poner de manifiesto mi absoluta creencia de que las madres son como son, tan madres, por la influencia de algún tipo de extraño fenómeno que tiene lugar en el momento del parto o, en defecto de éste, en el momento de firmar los papeles de la adopción.

En esta tendencia a generalizar que últimamente me caracteriza, afirmaré sin temor a meter la pata que todas las madres tienen una serie de características en común, de las que carecemos aquellas a las que la maternidad no nos ha llamado aún.

Evidentemente, para llegar a estas conclusiones me he basado principalmente en mi propia madre, que no sólo es madre, sino que lo es un porrón de veces, por lo que en ella todas estas características están muy, pero que muy, pronunciadas.

1.- El bolso: Todas las tías, por lo general, solemos llevar un gran bolso lleno de cosas que a los demás les parecen inservibles pero sin las cuales no podemos salir de casa. Pero lo de las madres es de traca.

En un bolso de madre puedes encontrar un yo-yó, una peonza, lápices de colores, tiritas, aguja e hilo, un cuaderno, kleenex, una pieza de fruta, treintamil tazos, una goma del pelo, una goma de borrar, una barbie, un coche de bomberos, una botellita de suero fisiológico, un pañal, crema hidratante...

Creíamos que el bolso mágico de Mary Poppins era una invención, pero no, ¡estaba basado en un bolso de madre!

2.- Los nombres: Una mujer, cuando se convierte en madre, irremediablemente olvida el nombre de las cosas y lo sencillo que puede resultar dar órdenes cuándo se expresa uno con claridad. Comienzan a pedirte las cosas con expresiones tales como "traéme la cosa marrón, que está sobre lo verde, en la habitación aquella".

Por no hablar de cuando llaman a unos hijos con el nombre de otros, o incluso con el del perro.

Lo más triste es que los hijos, a los que nos han lavado el cerebro desde recién nacidos, las entendemos.

3.- Poca necesidad de dormir: Las madres se acuestan tarde, porque después de bañar a los niños, darles de cenar, leerles un cuento... Cenan ellas, recogen los cacharros, cosen un botón que se ha caído del babi del cole, cortan la tela para el disfraz del baile de fin de curso y por fin aprovechan un poco su tiempo libre y tranquilo...

Durante la noche se despiertan al mínimo ruido, cuando el nene tose, cuando el nene se hace pis, cuando el nene tiene miedo, cuando el nene tiene sed...

Y por la mañana se levantan bien temprano, para ducharse, despertar a los nenes con cariño, prepararles el desayuno, volver a despertarles al grito de "hoy llegais al cole tarde", preparar el bocadillo para media mañana...

Esto desemboca en el hecho de que a las madres les baste con dormir un par de horas. Lo cual, cuando eres adolescente, es una auténtica putada: se despiertan cuando llegas, por lo que se enteran de que llegas tarde y tajada, y se despiertan cada vez que te mueves, por lo que se enteran cada vez que vas al baño a potar y a las ocho de la mañana están en pie, cantando pasodobles y descojonándose del dolor de cabeza que te están causando (¿o eso es sólo la mia?) .

4.- Memoria para los detalles: las madres se acuerdan de un montón de cosas, relacionadas con sus hijos, que a los demás no nos llamarían nunca la atención. Que fulanito no come pimiento verde, que menganito bebe tónica, que a zutana le gusta una pastita con el café, que llames a tal porque es su cumpleaños, que llames a Pascual para ver que le dijo ayer el médico, que la comida favorita de aquél es aquélla...

En mi madre, dado lo enorme de su número de hijos, ésta es una virtud que admiro muchísimo. Yo no me sé la mitad de las fechas de cumpleaños de mis hermanos, y ella se acuerda de los cumpleaños, santos y aniversarios de boda de sus hijos, hijas, yernos y nueras. Por no hablar de las fechas relacionadas con los nietos.

Además, sabe cuando tienes un día importante, crucial, y siempre te llama para ver qué tal. En mi época de estudiante siempre le pedía que pensara en mí a la hora que tenía el examen, en la firme creencia de que me daba buena suerte. Hoy en día, en esos días que tiene mi profesión en los que te juegas el trabajo de meses a una carta, le sigo pidiendo que se acuerde de mí a una hora concreta. Seguro que a veces se le olvidará, pero estoy convencida de que el 95% de las veces se acuerda, bien cinco minutos antes, bien cinco minutos después ¿Por qué? Porque es una madre de raza, y las madres se acuerdan de las cosas.

5.- Frases hechas y refranes: Las madres, para educar a sus hijos, recurren a los dichos populares. "Tanto va el cántaro a la fuente..."; "A buen hambre no hay pan duro"; "No pasa nada hasta que pasa"; "Quien a los suyos se parece..."; "Allá donde fueres..."

Como decía, yo creo que todas estas cosas se adquieren al convertirte en madre. Yo, que cada vez abrazo con más alegría la idea de no serlo nunca, creo que no podré comprobarlo por mí misma, pero mi hermana dará a luz su primer hijo dentro de poco y pienso estar atenta a todos los cambios que experimente.