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12.3.08

El placer de comer: Hoy, Magro con setas agridulce, o al toque de Jessica.


Voy a contaros esta receta más que nada porque sé que Sue la esperaba hace tiempo (aunque ella misma no recuerde qué concreta receta era la que esperaba)

Pelas una cebolla y la partes en tiras. La sofríes en una olla o cazuela con un chorro de aceite de oliva. Partes unas setas en tiras y las añades a la olla o cazuela, y las sofríes también, claro.

Cuando la cebolla y las setas están casi hechas, añades magro de cerdo en trocitos a la olla o cazuela, y lo sofríes también, que todo hay que decirlo.

Le echas un chorrito de vino tinto y agua hasta que justo lo cubra y añades una hoja de laurel, y lo dejas hervir durante más o menos veinte minutos o media hora a fuego medio.

Mezclas una cucharadita (de las de café) de miel, con dos cucharadas (de las de sopa) de salsa de soja, y se lo añades a la carne cuando esté prácticamente hecha. Le das un último hervor y a comer.

12.2.08

Hombre Topo, tú te lo perdiste.

Y no me vengas con excusas, que ya sabes que son como los culos.









29.1.08

El placer de comer: Hoy, cena rápida de viernes noche.


A ver, que hace mucho que no pongo una receta.

Pelas y troceas un calabacín, una berenjena, media cebolla, medio pimiento verde y dos dientes de ajo.

Lo pones todo en una fuente de horno con un poquitito de aceite. Precalientas el horno (en la función de “calor por la parte de abajo”) durante diez minutos y allá que lo metes. [Obviamente, la acción de precalentado puede simultanearse con la acción pelado-troceado].

Tras un par de minutos de haber metido la fuente en el horno, le añades un chorrito de agua y le bajas la potencia al horno. Después de otros diez minutos más o menos (cuando la verdura parezca hecha), le añades un chorro de tomate frito y queso rallado, y lo dejas otros dos o tres minutillos (hasta que haga chup chup y el queso se funda, básicamente). Cambias el horno a la función de grill, lo dejas un par de minutos más y ya está.

Por otra parte, coges una entraña, y la pones a la plancha vuelta y vuelta (o un par de vueltas más, a gusto del consumidor – aun cuando a mí, hacer mucho una entraña me parece pecado mortal –). Cuando la saques de la sartén le echas un poquito de sal gorda. [Aconsejo ejecutar esta acción cuando todo lo demás esté listo, un minuto antes de sentarse a comer, que comer la entraña fría es como para que te ejecuten lenta y dolorosamente].

Por último, y también por otra parte, te dejas la muñeca durante tres horas intentando sacar de la paletilla ibérica de Navidad lo suficiente para medio llenar un platito de postre. [Obviamente, es aconsejable ir simultaneando esta acción con las anteriores].

Y, hala, una copita de vino para acompañar...

15.4.07

El placer de comer. Hoy: la cocina creativa de ATT

Dicen por ahí que estoy escamada porque en cierto blog me tienen citada como "Pleitos y recetas". Ni mucho menos, los pleitos y las recetas son, efectivamente, parte importante de mí y, además, estoy francamente orgullosa de cómo me desenvuelvo en esas dos facetas de mi vida.

Como no os voy a contar mis pleitos aquí, pues os planto mi receta de este sábado, y al que no le guste, que se vaya a otro blog. Hombre ya.

Los platos más sabrosos suelen ser aquellos que haces con un poco de esto y un poco de aquello, sin planificación previa y guiandote, a la hora de elegir ingredientes, por estricto orden de cercanía a la caducidad del alimento en cuestión.



Eso hice yo este sábado. Tenía unas espinacas muertas de risa en el congelador, un litro de leche abierto desde hace varios días y unas setas que comenzaban a estar un poco mustias. Y héte aquí el sabroso plato que preparé.

Por un lado, cocí las espinacas y las reservé. Luego hice una bechamel (ya os he contado cómo la hago, así que no lo pienso repetir) con la peculiaridad de que a la leche caliente le anadí las espinacas y luego lo batí todo, quedando una bechamel verde y sabrosona.

Por otra parte, puse las setas con un poco de aceite de oliva a fuego lentito. Cuando estaban casi hechas, les añadí unas cuantas gambas congeladas (de estas que ya vienen peladitas).




Cuando las gambas estaban listas, lo puse en una fuente de horno y le eché la verde masa por encima. Unas lonchitas de queso brie y al horno unos 10 minutos (los siete primeros en función horno y los tres últimos en función grill).



¡Y a comer!

20.2.07

El placer de comer. Hoy, huevos con bechamel


Hoy, en esta maravillosa sección que con tantos seguidores cuenta, os enseñaré o recordaré, según los casos, una receta estupenda, sabrosa a la par que sencilla y que sí, no lo negaré, engorda lo suyo.
Asquerosos amantes de la lechuga dejen de leer ya ¡ar!

Para hacer unos fantásticos huevos con bechamel, lo primero es cocer los huevos, tantos como usted quiera, según el número de comensales. Yo suelo hacer dos huevos por persona.

Una vez cocidos, se pelan y se parten por la mitad. Se saca la yema y se va mezclando poco a poco con atún (de lata, en aceite, al natural) y con tomate frito. Cuando tenga usté una masa aparente, rellena los huecos que han quedado en los huevos al quitar la yema, y los dispone muy monos en una fuente.


Cubra usté posteriormente los huevos con un poco de bechamel (que no pienso repetir cómo se hace, dado que ya lo expliqué
aquí).

Échele bien de queso rallado por encima, y métalo al horno un ratillo, primero unos minutos en función horno, hasta que la bechamel haga glup glup, y luego en función grill, hasta que el queso se dore o se funda, según el tipo de queso elegido.





* Nota: en el caso de las fotos, yo hice la bechamel con leche maxnoséqué, de esa que tiene omega y calcio y muchas cosas para niños. Resulta que esa leche es un pelín dulzona, y la bechamel quedó suavecita y de rechupete.

24.1.07

¡Hágannos defecar, señores!


“La comida de verdad se defeca”. Esta verdad como un templo de grande la ha dicho Santi Santamaría hace poco y ha traído cola.
A mí me sirve para empezar un post que hace tiempo me viene rondando la cabeza, y que tiene como idea principal la siguiente: ¡Estoy hasta las narices de la nouvelle cuisine!

No tengo nada en contra de la aplicación de sofisticadas tecnologías a la cocina. Nada en contra tampoco de, por ejemplo, el crujiente de foie cubierto por cebolla pseudocaramelizada, bañado por un reducido de confitura de frutos silvestres al aroma de menta de azahar, sobre lecho de albahaca espolvoreada con minúsculas partículas de pimienta camboyana (excepto el exceso de consumo de papel de comandas para apuntar un solo plato, cuestión ésta –sin duda- que viene contribuyendo notablemente a la merma de la selva del amazonas).

Quiero decir que, a mí, que soy de buen comer, de gusto exquisito y glamour sin par… me mola esto de la nueva cocina, así, en términos generales.

¿Y cuál es la pega? Elemental, querido blogson ¡El tamaño de los platos! Bueno, más bien… ¡El tamaño de la comida que viene dentro del plato! O, mejor aún… ¡La combinación del tamaño del plato con el tamaño de la comida que viene dentro del plato!

Es que, joder, a mí eso de que te pongan un plato gigantesco con dos chipironcillos con tres trocillos de cebolla encima, un hilillo de tinta recorriendo en diagonal el centro del plato y una hojita de menta en cada esquina (que además nunca sé si debo comérmela o no)… pues me parece un insulto a la inteligencia o, cuando menos, al estómago del cliente en cuestión.

Porque, ahora -que tengo más experiencia- ya no, pero al principio de esta nueva moda, tú veías venir a la camarera con un plato gigante, y pensabas "Hostia, hostia, hostia (sí, tres veces), todo eso es para mí ¡Me voy a poner las botas!" Y luego te plantaban el plato en la jeta y se te quedaba una ídem de pardillo que pa qué las prisas.

Parece ser que la justificación del decrecimiento constante de la comida servida (inversamente proporcional al crecimiento del recipiente en que se sirve), está en que los ingredientes cada vez de mayor calidad o de menor presencia en el mercado, la tecnología aplicada y el trabajo más dificultoso de quién prepara el plato (no sólo de quien lo cocina, sino también de quien lo emplata), hacen que se encarezca el producto, de tal modo de que, a fin de que sea asequible, se sirve menos cantidad.

Muy bien, todo eso muy bonito y tal. Pero, que queréis que os diga, verás (sí, verás), yo prefiero pagar 50 € (un poner) y llenarme de chipirones, que pagar 25 € por un reducto de chopito que me llena media muela y me obliga a luego gastarme los otros 25 € en ponerme como el putas a la desesperada en el burriquín de enfrente arramplando con todo lo que pille.

Señores, ¡llénenme el buche! ¿Que tienen que cobrar más caro? ¡Pues cobren! ¡Muerte a los pobretones!

Porque con los mierdiplatos que ponen, no se defeca. Con los aromas y las esencias… tampoco se defeca. Y de todos es sabido que después de una buena comilona, no hay nada como una buena cagada.

21.1.07

El placer de comer. Hoy, Shepherd's pie

Esta receta de tradición británica llegó a mi familia a través de mi abuela Dora, inglesa ella y personaje peculiar al que algún día dedicaré un post completo.

Aun cuando arriba me he puesto en plan fino, lo cierto es que el Shepherd's pie, en mi casa, ha sido de toda la vida "sepaspai", y así me referiré a él de ahora en adelante, pues yo no soy de las que se avergüenzan de los suyos (aun cuando tengo sobradas razones para hacerlo).

A lo que íbamos. El sepaspai es una comida fácil de preparar, barata, que llena bastante, que aparenta, y, sobre todo y más importante, que está buenísima. Deberíais, pues, arrodillaros ante mí por daros la receta, pequeños blogovidentes.


En fin, se empieza por sofreir cebolla y pimiento verde, muy picaditos, se le añade carne picada y cuando ésta ya está, un poco de tomate frito.

Por otra parte se hace el puré de patata, bien instanténeo de sobre (que es el que suelo usar yo) o bien ,en plan cocinero experto chupiguay, puré de patata-patata de verdad.

En una fuente se pone al fondo la carne y se le echa el puré por encima. Se extiende una finísima capa de margarina o mantequilla por la superficie y se mete al horno (que hemos precalentado previamente).
Unos 10 minutos en función horno (+/-) y 5 minutos en función grill (+/-). Et voilà! A comer.

18.1.07

Los perritos molan, oh yeah!



Me encantan los perritos. Me parecen uno de los mejores inventos de la humanidad. Y es curioso, porque las salchichas solas no me molan nada de nada.


Pero no cualquier perrito merece tal denominación. El perrito de verdad, el que me pone los dientes largos, ha de ser necesariamente pequeño, con salchicha frankfurt, si es marca Dia, mejor.


Y es que el perrito, como comida decente, no vale nada. Pero para llenarte una muela es lo mejor que se ha inventado. Por eso, si la salchicha es grande y con un solo perrito ya te llenas, pues es una puta mierda de perrito.


En este país el perrito es un producto maltratado. Te los suelen poner con salchicha grande y un montón de mierdas. El perrito, sólo con Ketchup, gracias. Y te miran con cara rara.


Pero el drama mayor es lo que cuesta encontrar un perrito en esta ciudad, jolines. Cada vez que voy en Severa camino de dónde sea, y veo un puesto de comida en la calle, aminoro para fijarme.


En un 99% por ciento de las ocasiones es un puesto de pseudochurros rellenos de nata y recubiertos de chocolate que ni son churros ni nada y me revuelven el estómago.


Por eso Nueva York es la mejor ciudad del mundo, porque venden perritos en cada esquina, con salchicha pequeña y no se extrañan de que se lo pidas sólo con ketchup.


Eso es lo mejor de NYC con diferencia, afirmo sin pudor alguno. Y por eso nunca seremos modernas, porque aquí infravaloramos al perrito.





P.D. No puedo dejar de comentar lo tonto que es Bush, que ahora tiene la desfachatez de afirmar que Irak es un país inmaduro por ejecutar a Sadam y a sus colaboradores. Grande mi hermana (Mari Ici no, la otra) al afirmar: Es que éste ha oido a Calderón y ha dicho "no puede haber uno más gilipollas que yo, a ver qué suelto para superarle".

3.12.06

A las lenguas viperinas


Para esas lenguas viperinas e incrédulas, que ponen en duda la afición de Quic a las verduras, aquí tenéis el salteado de setas, calabacín y gambas y la tempura de verduras variadas de las que Quic ha dado cuenta hoy.



No es por presumir, pero conste que servidora ha cocinado y Quic se ha relamido.

18.11.06

El placer de comer. Hoy: calabacines rellenos


Sé, mis pequeños blogovidentes, que echábais ya de menos que os pusiera los dientes largos con mis magníficas cocinitas.

Bueno, se acabó la espera. Hoy os contaré, mis pequeños muertos de hambre, cómo podeis deslumbrar a grandes y pequeños con una receta sencilla a la par que sabrosa: calabacines rellenos.

Coged un calabacín hermoso (o más, dependiendo de cuántos seais, mi receta es para dos personas), peladlo y partirlo por la mitad. Ponedlo a hervir durante cinco minutillos.
Una vez hervido, escurridlo y abridlo a lo largo, también por la mitad. Os quedarán cuatro trozos alargados cuyo contenido debeis vaciar con ayuda de una cuchara, de modo que cada calabacín se convierta en el cuenco que será rellenado a continuación.

Por otra parte, partid un poco de cebolla y un poco de pimiento verde, muy picadido, sofreidlo con carne picada (1/4 kg. más o menos), especiadlo al gusto (yo le echo romero, orégano, pimentón, pimienta negra y sal) y echadlo una gotita de tomate triturado, sólo un poco, para darle color.

Una vez hecho esto, rellenad los calabacines con la carne y ponedles encima un poco de queso (en esta ocasión yo puse encima de cada uno medio tranchete, que en algo hay que gastarlos), disponedlo todo en una fuente para horno y reservar.

Por otro lado se hace la bechamel (me da absolutamente igual que no se escriba así, que lo sepais). Yo la hago así: Sofrío un poco (muy poco de cebolla) en un cazo en el que luego añado un vaso de leche y lo pongo a calentar a fuego lento.
Por otro lado, a medio litro de leche fría le añado 5 cucharadas de harina bien colmadas y le paso la batidora. Cuando la leche y cebolla que estoy calentando empieza a hervir, lo mezclo con la leche fría y la harina y lo paso todo por la batidora. Lo pongo a fuego lento, meneándolo, hasta que hierva y... voilà.

Una vez hecha la bechamel, cubrid con ella los calabacines, ponedle encima una chispa de mantequilla y un poco de queso rallado y meted al horno.
Se deja un ratito en el horno (10 minutos si el horno estaba ya caliente) y luego se pone grill otro par de minutos, hasta que se dore.

No me direis que no tiene una pinta como para chuparse los dedos.

28.6.06

El placer de comer. Hoy: Arroz con costillejas.


Hay quien me tiene linkeada por ahí, manifestando, entre otras cosas, que éste es un blog de recetas.
Para no dejarles por mentirosos (no es que me importe demasiado, pero vaya), es hora de que vuelva a éste, mi blog, la sección "el placer de comer".
Esta semana, os pondré los dientes largos con el arroz con costillejas del que mi santo y yo dimos buena cuenta el pasado sábado.
Ingredientes para dos personas, durante varios días:
Medio kilo de costillas troceadas (frescas, no adobadas). Ante la sugerencia de Hans, lo aclaro: costillas de cerdo, nunca, nunca, nunca de cordero
Una alcachofa.
Un puñado de judías verdes.
Un poco de cebolla.
Medio pimiento verde.
Unos cuantos ajetes o, en su defecto, dos dientes de ajo (yo no encontré ajetes y se me olvidaron los dientes de ajos, y quedó bueno igual)
Medio calabacín (esto fue invención mía en sustitución de los ajetes).
Dos tomates.
Pimentón dulce, sal, pimienta y colorante alimencio (a ser posible, marca Dia).
1 vaso de arroz.
Modo de preparación:
En la olla express se sofríen las costillas, una vez han perdido el color sangre, se cubren de agua, se cierra la olla y se deja hasta diez minutos después de que haya empezado a salir vapor. Reservar.
En la paellera (en su defecto, sartén grande, como en mi caso) se sofríen la alcachofa, el pimiento, la cebolla y el calabacín (si os acordáis de los ajetes o el ajo, también), todo ello muy troceadito.
Cuando está casi sofrito lo anterior, se añaden los dos tomates bien troceaditos, la pimienta, el pimentón y la sal y se deja un rato a fuego lento.
Se añaden las costillas y el caldo en el que éstas se han hervido (para dos personas calcular unos tres vasos de caldo).
Cuando empiece a hervir lo anterior, se le añade un vaso de arroz y el colorante.
Se deja a fuego medio unos veinte minutos. Luego se aparta del fuego y se deja reposar el tiempo que tardas en poner la mesa y abrir el vino. Y listo para zampar.

10.4.06

El placer de comer. Hoy: Lubina al horno


Semejante cena, a cuyo exquisito sabor la foto no hace justicia en absoluto, fue la que nos metimos mi santo y yo entre pecho y espalda el pasado viernes.
Para los que no adivinen: se trata de lubina al horno con cebolla y calabacín.

Modo de preparación:

Ir al mercado y hacerse con dos lubinas, volver a casa.

Recoger la ropa tirada que has ido acumulando por las esquinas en los últimos días, echar un cigarrito, fregar los platos y vasos que has acumulado en los últimos días, poner una lavadora, echar un cigarrito, barrer el suelo, partir media cebolla y medio calabacín en rodajas y ponerlos ordenadamente en el fondo de una fuente para horno, echarle un chorrito de aceite de oliva, reservar.

Meter dentro de cada lubina (en la raja que previamente le ha hecho el pescadero a fin de sacarle las tripas) una rodajita de limón, y clavar otra en su lomo (en otra raja que ha hecho el pescadero, no sabemos muy bien para qué).

Poner las dos lubinas en la fuente, sobre la cebolla, el calabacín y el aceite, echar algo de sal, perejil y un chorrito de vino blanco, reservar.

Encender el horno a 180º, partir en trocitos el calamar (que, por cierto, también hemos adquirido en el mercado) que pensamos tomar de aperitivo, abrirse una cerveza para tomarla mientras cocinamos.

Mirar si ya se ha calentado el horno (sólo mirar, no tocar, que quema) y meter la fuente con la lubina a una altura media, poner el calamar en una sartén con muy poquito aceite, fregar el suelo de la casa mientras tanto, ir de vez en cuando a echarle un ojo al calamar y otro a la lubina, recoger la ropa tendida.

Ir añadiendo agua y vino a la lubina, a partes iguales, a medida que se vaya consumiendo, exprimir el zumo de medio limón y echarselo también a la lubina.
Como a estas alturas te has dado cuenta de que te has pasado echando líquido (la lubina nada y es feliz de la vida), solucionalo echando un poco de harina.

Quitar el calamar del fuego y ponerlo en un plato, bajar a mínimo la temperatura del horno y llamar a tu santo a la mesa.

Abrir una botella de vino blanco, dar buena cuenta del calamar, sacar la lubina del horno y zampársela también.

De postre: donetes.

Que aproveche.

10.3.06

El placer de comer.


No pienso dejar que sea Quic el único que presuma de cocinitas, cuando todo lo que es entre fogones (y es bueno, muy bueno) me lo debe a mí.
Así que, puestos a presumir, ahí tenéis el arroz negro que mi santo y yo nos metimos anoche entre pecho y espalda. Se supone que era para dos personas, lo que nunca dije es cuántos días se alimentarían a base de arroz esas dos personas.
He de advertir que mi torpeza como fotógrafa no le hace justicia a mis dotes como cocinera y que, además, hay que tener en cuenta que lo hice en tres fases, debido al poco tiempo libre del que dispongo.
Así, el miércoles noche hice el caldo, el jueves por la mañana hice el sofrito y el jueves por la noche añadí el arroz y dimos buena cuenta de él.
Comí tanto que creo que mi pesadez de estómago ha influido en mis sueños de esta noche en los que me empeñaba en matar a mi santo apuñalándole por la espalda.
Si algún día muere así, no busqueis más: fui yo.