14.12.06
Mi primer meme
3.12.06
30.11.06
Luces, cámara... ¡acción!
http://www.pp.es/index.asp?p=11098&c=de91676848de8e7b9a92578c93fa60da (pinchad en "video").
28.11.06
Así va el país.

Desde hace un tiempo venimos, mi socia y yo, dándole vueltas a la idea de que tenemos que incorporar un nuevo profesional a nuestra pequeña empresa. Es un proyecto que se nos hace muy cuesta arriba, pues son muchos los que han pasado por aquí, como compañeros y/o trabajadores nuestros, y la experiencia ha terminado por ser desastrosa en todo caso. Y es un palo contratar a alguien para echarle un mes después, para qué negarlo.
18.11.06
El placer de comer. Hoy: calabacines rellenos

Sé, mis pequeños blogovidentes, que echábais ya de menos que os pusiera los dientes largos con mis magníficas cocinitas.
Bueno, se acabó la espera. Hoy os contaré, mis pequeños muertos de hambre, cómo podeis deslumbrar a grandes y pequeños con una receta sencilla a la par que sabrosa: calabacines rellenos.
Coged un calabacín hermoso (o más, dependiendo de cuántos seais, mi receta es para dos personas), peladlo y partirlo por la mitad. Ponedlo a hervir durante cinco minutillos.
Una vez hervido, escurridlo y abridlo a lo largo, también por la mitad. Os quedarán cuatro trozos alargados cuyo contenido debeis vaciar con ayuda de una cuchara, de modo que cada calabacín se convierta en el cuenco que será rellenado a continuación.
Por otra parte, partid un poco de cebolla y un poco de pimiento verde, muy picadido, sofreidlo con carne picada (1/4 kg. más o menos), especiadlo al gusto (yo le echo romero, orégano, pimentón, pimienta negra y sal) y echadlo una gotita de tomate triturado, sólo un poco, para darle color.
Una vez hecho esto, rellenad los calabacines con la carne y ponedles encima un poco de queso (en esta ocasión yo puse encima de cada uno medio tranchete, que en algo hay que gastarlos), disponedlo todo en una fuente para horno y reservar.
Por otro lado se hace la bechamel (me da absolutamente igual que no se escriba así, que lo sepais). Yo la hago así: Sofrío un poco (muy poco de cebolla) en un cazo en el que luego añado un vaso de leche y lo pongo a calentar a fuego lento.
Por otro lado, a medio litro de leche fría le añado 5 cucharadas de harina bien colmadas y le paso la batidora. Cuando la leche y cebolla que estoy calentando empieza a hervir, lo mezclo con la leche fría y la harina y lo paso todo por la batidora. Lo pongo a fuego lento, meneándolo, hasta que hierva y... voilà.

Una vez hecha la bechamel, cubrid con ella los calabacines, ponedle encima una chispa de mantequilla y un poco de queso rallado y meted al horno.
Se deja un ratito en el horno (10 minutos si el horno estaba ya caliente) y luego se pone grill otro par de minutos, hasta que se dore.
No me direis que no tiene una pinta como para chuparse los dedos.
10.11.06
Uno, dos y tres. Cuatro, cinco y seis.
3.11.06
Esto de internet, es lo que tiene.
26.10.06
Contradicciones
"Se suicida un líder indígena, desesperado por la inminente extinción de su pueblo en Colombia"
Pues, digo yo, que suicidándose le ha hecho un flaco favor a la causa. ¿No?
16.10.06
Me reconforta saber que no soy la única a la que le pasan estas cosas.

Esta historia, verídica, me la contó mi amigo P. el otro día, cenando en casa, sin haber bebido. P. no es un tipo que acostumbre a exagerar, ni siquiera a maquillar las historias, así que me lo creo a pies juntillas:
Un amigo de P., oriundo de un pueblo de Toledo, vino a Madrid para asistir a un boda y a los toros, sucesivamente.
Es necesario advertir al lector, desde este momento, que el protagonista de esta historia es un tipo grande, muy grande, un armario, vaya. Con pelo largo y barba larga, con cara de voy a matarte en cuanto te descuides. Un pintas, en definitiva.
La cosa es que nuestro amigo, el pintas, acude al bodorrio con su correspondiente banquete, y sale del mismo con cierta premura, pues llega tarde a la corrida (de toros), y algo chispadito, suponemos, como es propio de una boda.
Ve un taxi parado en un semáforo, lo coge, y apremia al conductor a llevarle a las Ventas en tiempo record, pues no llega a la corrida (de toros, insistimos).
Allá que le lleva el taxista, raudo y veloz, suponemos. Una vez en las Ventas, el pintas pregunta: ¿Qué le debo? A lo que el taxista responde Nada, si es que esto no es un taxi.
El susto del (supuesto) taxista lo puedo imaginar pero... ¿cómo se sentirían ustedes al descubrir que, por error, se han metido en el coche de un desconocido y, sin comerlo ni beberlo, sin intentarlo en modo alguno, le han acojonado tanto que el desconocido les lleva a donde le piden sin siquiera chistar? A mí me acomplejaría enormemente, cuando menos.
9.10.06
4.10.06
La chacha, mi desorden y las pelotas de mi hermano.
Aun cuando en el título me he referido a chacha, en claro homenaje (y peloteo empalagoso, por supuesto) a Quic, he de manifestar que yo prefiero usar el término asistenta. Y no porque chacha me parezca un término despectivo, no, es porque me parece un término feo de cojones. Asistenta es mucho más elegante, dónde va a parar. 2.10.06
Pinceladas.
Tenía muchas ganas de ir al teatro, me apetecía, pero nunca me ocupo de ver qué obras hay en cartelera, y mucho menos me ocupo de comprar entradas. Gracias a Sylvia, que me lo dió todo hecho. Últimamente ésa es mi única forma de tener vida social. Necesito a alguien que me organice los planes extralaborales.
3. Alonso pierde, y la culpa, una vez más, es del equipo. Que no digo yo que no, que de esto no tengo ni puta idea, pero si fuera mecánico de Alonso le sabotearía todas las carreras por bocazas y mal compañero. Pobrecito, que su equipo está más interesado en ganar el mundial de constructores que en que él vuelva a ser la estrellita. Hala, a llorar a tu casa, so cansino.
4. Seguro que el tonto de Alonso es de los que mirarían al tio de este video como si estuviera loco, y se daría media vuelta sin llevarse su abrazo gratis. Triste, más que triste.
30.9.06
25.9.06
De por qué mi vida es un esperpento.

Dicen que los polos opuestos se atraen, y que dos que duermen en el mismo colchón se vuelven de la misma opinión (o condición, el refrán cambia por familias). En mi caso, yo creo que Quic y yo compartimos vida porque con lo desastre que somos no podríamos compartirla con nadie más.
18.9.06
El ciego del subnormal.

Este ha sido, por motivos que no voy a hacer públicos (al menos, no por este medio) uno de los peores fines de semana de mi vida Empezó dejándonos sin esos tres días de playa y relax que teníamos programados y siguió con mucho estrés, mucha tensión, mucha responsabilidad, mucha preocupación, y muy pocas (pero muy pocas) horas de sueño.
Para relajarnos de todo eso, el domingo decidimos tomarnos unas horas de descanso e irnos a la casa de campo a comer, con colegas, con sus hijos, con sus perros... Pero no iba a ser la comida bucólica que esperábamos porque estaba claro que este no era mi fin de semana, pero yo no me había percatado de ello.
Salimos de casa, dispuestos a pasar unas horas estupendas, y ocurrió el primer desastre: Mari Puri no arranca, se ha quedado sin batería (de flipar, porque estando quieta todo el mes de agosto tenía la batería como una rosa, y este fin de semana, que ha estado de un lado para otro, decide quedarse sin batería). Llamo a mi hermana: "Oye, que no vamos, que estoy sin batería y voy a llamar al RACE". "No llames, que seguro que tardan un huevo en ir. Voy para allá y le ponemos las pinzas, que tardamos menos".
Vienen, ponemos las pinzas y... nada. La batería está tan descargada que no sirve de nada. "Mira, que le den. Nos vamos en tu coche y ya me preocuparé de llamar al RACE esta noche".
Nos vamos, nos perdemos gracias a Gallardón y a sus zanjas. Nos pilla el atasco del siglo, pero no desistimos y por fin llegamos a la casa de campo. Hemos quedado en el lago pero... oh, mierda, la casa de campo está cortada, y desde dónde hemos entrado no se puede llegar al lago. Llamamos a aquellos con quienes hemos quedado: no hay problema, no llegamos tarde, llevan una hora perdidos por la M-30.
Tras vueltas y vueltas, y atascos y atascos, nos reunimos todos en el lugar convenido. Eran las 16:30h y a las 17:30 h. teníamos que irnos a ocuparnos del asunto que nos ha traído de cabeza el finde, pero, mira, al menos tenemos una hora de relax.
El coche estaba aparcado en una calle cortada, y no sabíamos como salir de la misma. Mi cuñado: "da la vuelta y sal por esta misma calle" Mi hermana "no, es dirección prohibida" "No puede ser dirección prohibida, porque la calle está cortada y por algún lado hay que salir" "Bueno, lo que tú digas".
!0 metros más allá, nos paran los municipales "señora, iba usted en dirección prohibida" "ya, verá, es que la calle está cortada y no sabía por donde salir" "tenía usted una salida un poco más allá" "ah, es que como había una señal de calle cortada..." "Documentación del vehícuo, por favor" "Tenga" "¿Permiso de conducir?" "Huy, pues no lo llevo encima" "Dejeme su DNI"
Se va el munipa... mi hermana se caga en todo lo cagable, principalmente en mi cuñado y toda su familia... vuelve el munipa "lo dejo en un aviso, pero acostumbrese a llevar el permiso encima y cuidado con las señalizaciones".
Buff, menos mal. Vámonos, anda, que ya se nos ha hecho tardísimo.
Parece que no podía pasar nada más. Pero no canteis victoria demasiado pronto. Nos paramos en un semáforo y el vehículo de delante (bueno, su conductor) decide que quiere aparcar en un hueco que hay al lado de nuestro coche, así que empieza a maniobrar hacia atrás sin mirar si algún coche le impide el paso y sin, por supuesto, darnos tiempo a recular para dejarle el sitio libre.
Aún no sé cómo, pero el tio consiguió meterse en el aparcamiento sin darnos. Y entonces mi cuñado hizo lo único que nos ha hecho reir este finde. Le miró y, aturullado, le dijo "¿Tú eres el tonto del culo o el ciego del subnormal?". No sé si fue tan gracioso, o fue la tensión acumulada, pero a todos los del coche se nos saltaron las lágrimas y no paramos de reir en un buen rato.
Bueno, ya no puede pasar nada más. Sigamos el atasco hasta atocha, dejemos a Quic en el tren camino a casa y los demás encaminemonos a nuestro destino, que ya vamos tarde que te cagas.
Dejamos a Quic y.... oh, horror, la castellana está cortada. Media vuelta, atasco infernal, desesperación ¿qué más puede pasar?. LLegamos a nuestro destino a las 19:30 h. y parece que mi mala suerte se ha quedado en el coche, por fin.
Pero no, Quic me llama y me cuenta que se ha ido sin llaves y no puede entrar en casa. ¿Es o no es para ahorcarse?
Al menos, cada vez que me acuerdo del ciego del subnormal, me descojono.
14.9.06
Urgencias.

Me confieso una verdadera enferma, psicópata y obsesivo – compulsiva en lo que a series se refiere. Son muchas las series de TV que me apasionan, bastante las que me gustan y prácticamente todas soy capaz de tragármelas un día tras otro aunque me parezcan patéticas. Así, por ejemplo, de Hospital Central habré visto no menos de 10 capítulos y me parece una de las peores series que jamás se han emitido.
He de reconocer que en algunas ocasiones he llegado a avergonzarme por mi afición a las series, por ejemplo en estas vacaciones, en las que, con tanto tiempo libre, me aficioné a Los Serranos y llegué a tragarme 8 capítulos seguidos. Al final, hasta me reía a carcajadas. Un drama, vamos.
Pero, respecto a otras series, me siento muy orgullosa de declararme fan incondicional. Y una de ellas es Urgencias, la serie entre las series. La mejor serie de la historia de la TV, sin duda alguna.
Y si me siento orgullosa no es sólo porque la serie sea realmente cojonuda, que lo es. Es una serie con la dosis justa de emoción, con esos capítulos de inicio de temporada en la que todos estaban a punto de morir o de matar que te enganchan para el resto del año. Tiene también la dosis justa de cursilería, con las relaciones entre los distintos personajes. La dosis justa de dramas, con muertes de las que nunca nos recuperaremos. Y la dosis justa de humor, con ese Dr. Romano, que hasta cuando drámaticamente salió de la serie, lo hizo de forma graciosa.
Por otro lado, las tramas son siempre interesantes, los movimientos de cámara cojonudos, y, según me confirmaba el otro día una amiga médico, unos guiones muy verosímiles.
Pero como digo, no me siento orgullosa de ser fan de Urgencias porque sea una buena serie, sino porque, gracias a TVE, para seguir Urgencias con regularidad hay que echarle dos cojones y un palillo.
Jamás entendí que una serie tan buena sea tan maltratada por nuestra querida televisión pública. Conozco gente que no la ha visto, o que es incapaz de seguirla, pero no conozco a nadie que la haya visto y no le haya gustado, y sin embargo, TVE le da un trato horrible.
Hace por lo menos 10 años que la emiten sin horario fijo, sin día fijo. Lo mismo te la ponen a las 00:15 h de un martes, que a las 01:25 h de un jueves, que a las 02:35 h. de un sábado. Algo así como con Días de cine, vamos.
Durante unos años, cada principio de temporada la empezaban a poner en prime time, a las 22:00 h de un miércoles, por ejemplo. Y tú pensabas, coño, ya era hora de que se dieran cuenta de que Urgencias es mucho mejor serie que Hostal Royal Manzanares y/o Ana y los 7 (suponiendo, que es mucho suponer, que tales engendros merezcan el calificativo de serie).
Pero tu gozo en un pozo cuando llegaba el miércoles siguiente, y a las 22 h te plantabas delante de la tele y ... a) tenías un interesantísimo Belice – Trinidad y Tobago, sub – 20 clasificatorio para el mundial 2038, b) te encontrabas con los mejores momentos de Lina Morgan en “La tonta del bote”, c) Te deleitabas con la decimocuarta gala “Murcia, que bella eres”.
¡Iros a tomar por culo, hombre ya!
Mi teoría es que, dado que los fans de Urgencias somos seres inteligentes y, por tanto, somos fans incondicionales, y dado que decidieron ponerla en un horario decente cuando habían emitido ya unas cuantas temporadas (y, por tanto, la gente que no había visto éstas, se veía ya incapaz de empezar a seguirla), el resultado fue que la serie tenía la misma audiencia a las 22 horas de un miércoles que a las 03:27 h de un lunes, fenómeno que, sin embargo (y vaya usté a saber porqué) no ocurre con “Murcia, tenemos un problema”.
Finalmente, los señores simpáticos que deciden la parrilla del Ente Público, han tenido a bien, pese a que hace ya muchísimo tiempo que finalizó la última temporada emitida (tanto que ni me acuerdo), no anunciar siquiera si piensan emitir la siguiente. De cuando piensan emitirla, ni hablamos.
Y yo, que tengo en casa, grabados, pendientes de ver, 4 capítulos de 24, 4 de la Casa Blanca y unos 5 de perdidos; que tengo pendiente de bajarme Prisión Break, para echarle un ojo; que tengo por ahí dos dvd’s que nos pasó una amiga de The Young Ones; que también sigo fielmente Anatomía de Grey, Mentes Criminales y Entre Fantasmas; que hoy a las 22 h. no me pierdo el capítulo de Médium que en el anuncio parecía interesantísimo, que seguiré en cuanto empiecen las nuevas temporadas de Alias y de Mujeres Desesperadas... con eso y más, tengo un mono de Urgencias que no me cabe en el cuerpo.
¿Qué me pasa, doctor?
12.9.06
Coleccionables.

En las tres últimas semanas del verano, además de dedicarme a leer y a contar el viaje a NYC, vi mucha, pero mucha, tele.
2.9.06
NYC VII y Final.
Empezamos el día paseando por Central Park, por la zona que, en honor a John Lennon, se llama Strawberry Fields. Por fin hoy encontramos la estatua de Alicia en el País de las Maravillas, y la de Hans Christian Andersen.
La gente es muy maleducada, y los niños hijos de padres maleducados, son más insoportables si cabe, por todo lo cual fue imposible hacerme una foto yo sola con Alicia, así que como recuerdo tengo una foto en la estatua con dos niños feos detrás con cara de “a ver si esta tía se marcha ya”.
Después fuimos al MET, dónde decidimos separarnos para economizar el tiempo, pues cada uno tenía ganas de ver cosas distintas. Nuevamente, tratándose de arte, dejaré que la crítica la haga Quic si quiere.
Yo, que soy mucho más banal, destacaré que un cuartucho del museo estaba dedicado a tienda de oportunidades, dónde podías comprar libros, posters, juguetes, recuerdos… que, por ser viejos o estar un poco estropeados, eran baratísimos. Nosotros adquirimos un reloj de pared de lo más chulo.
Quic me mataría si no hiciera mención a los cuadros de muñecas de Rosenquist, que le dejaron absolutamente flipado. Yo creo que lo que más me gustó fue la zona de esculturas, aunque flipé con lo pequeño que el El Pensador.
A la hora convenida nos encontramos en las escaleras exteriores del museo, y nos dirigimos a una hamburguesería supuestamente famosa que venía reseñada en nuestra guía. Lugar imprescindible en todo viaje friqui a NY que se precie: “Lexington Candy Shop" en la esquina de Lexington Av. con la E83St.
Típica hamburguesería de película, con su pared a rayas, sus taburetes, sus paneles separadores entre las mesas… no sé como describirla mejor, pero si sois seres dignos de atención, sabréis a qué me estoy refiriendo (Y si no, tal vez os ayude la foto).
De allí fuimos al hotel a cambiarnos y volvimos a aventurarnos camino al Rucker, a ver si esta vez teníamos más suerte y conseguíamos ver un partido decente. Pero no, vimos niños y más niños, qué se le va a hacer.
Eso sí, como esta vez habíamos dejado los prejuicios en casa, no pasamos nada de miedo. Como en nuestro barrio íbamos los dos más chulos que un ocho. Qué coño, que somos de Vallecas (bueno, yo lo soy sólo de adopción, pero algo es algo).
Una vez comprobado que no había partido ni ná, nos fuimos a la tienda NBA a ultimar unas compritas y quedamos con Mil y V., amigos de Quic que, casualidades de la vida, estaban también en NYC. Tuvimos una cena de lo más agradable, contándonos mutuamente en qué nos habíamos fundido la pasta y de camino adónde nos había salido esta última ampolla.
Una vez nos despedimos de Mil y V., Quic y servilleta nos encaminamos hacia nuestra primera y única noche de copas en estos lares. En la guía venían recomendados un par de garitos que tenían un lounge en el que se podía fumar, y como para mi cubata – cigarro son entes inseparables, allá que nos dirigimos. Pero resulta que no se podía entrar con zapatillas (no conocen aquí a esos chicos tan majos del El canto de loco) y claro, nosotros, como que no.
Empezamos a dar vueltas y finalmente encontramos un sitio en, creo, Ámsterdam o Columbus Av., que tenía buena pinta. Tras descubrir que los cubatas de ron no eran su fuerte, me pasé, siguiendo el ejemplo de Quic (que siempre tiene mejor ojo para esto de las copas) a los mojitos. Nos tomamos unos cuántos, no sabría precisar y nos fuimos a dormir (la).
A destacar el hecho de que, con mi escaso (más bien nulo) nivel de inglés, fui perfectamente capaz de mantener la típica conversación de cola de baño de chicas.
- ¿Esta ocupado?
- Sí.
- ¿Seguro?
- Sí.
- Tarda mucho ¿no? Porque lleva un rato sin avanzar la cola.
- Sí.
- No entiendo como algunas tardan tanto, yo no tardo casi nada.
- Ya.
Supongo que adivinareis cual de las dos interlocutoras era yo.
SÁBADO 12 DE AGOSTO DE 2006: TIENDA ADIDAS – LISBOA – MADRID – BARCELONA
Nos despertamos con el tiempo justo para ir a la tienda adidas a intentar comprarnos una bolsa deporte. La necesitábamos para poder traer de vuelta todas las cosas que habíamos comprado, y eso que nos habíamos llevado una maleta vacía a tal fin, que resultó ser claramente insuficiente.
La compramos y Quic aprovechó para comprarse por fin las zapatillas adicolor de la rana Gustavo, que las llevábamos viendo todo el viaje pero nunca tenían de su número. Curiosamente, no las tenían en a tienda adidas, sino en otra tienda de zapas que había al lado.
Volvimos al hotel, terminamos de hacer las maletas y bajamos a esperar a Marco, que el día anterior nos había llamado (ojo, a las 7 de la mañana) para decirnos que nos recogían a la una de la tarde (nuestro avión salía a las seis y media) para llevarnos a Newark.
Íbamos un poco acojonados, porque dos días antes habían cogido a los supuestos terroristas en Londres, y las medidas de seguridad se habían multiplicado por diez mil. De hecho, el día anterior habían desalojado Newark por culpa de un paquete “sospechoso”.
Lo hicimos bien, porque facturamos todo excepto mi bolso (que iba lleno de libros) y el portátil, así que pasamos el control de seguridad en cinco minutos (no había ni colas para pasarlo), eso sí, lo pasamos descalzos, y yo sin calcetines (cosa de llevar sandalias, leñe) y creo que me traje todas las bacterias de la moqueta del aeropuerto adheridas a las plantas de mis pies.
El viaje pasó bien, comida, Perdidos, lectura, dormir, comida, aterrizar. Directamente nos metieron en un coche en Lisboa, nos llevaron a pasar el control de pasaporte y vuelta a otro avión rumbo a Madrid.
Una vez aterrizamos fuimos a casa de mi madre, a verla, recoger algo de comer y, lo más importante, la cinta donde mi querida madre me había grabado los tres primeros capítulos de 24.
Tras un rato de charla nos fuimos a casa, deshicimos maletas, las hicimos de nuevo, comimos, Quic se durmió en un sillón, yo vi los tres capítulos de 24 (parándolo una vez para dar una cabezada de 30 minutos), y vuelta al taxi, y vuelta al aeropuerto, y un nuevo avión rumbo a Barcelona.
Tras intentar colarnos en casa de los vecinos por razones que no vienen al caso, llegamos al piso que habíamos alquilado a eso de las once de la noche del domingo día trece (del hotel de NY habíamos salido a lasa 13 h. del sábado) absolutamente reventados, pese a lo cual le eché dos huevos y me pegué dos capítulos de 24 antes de dormirme.
31.8.06
NYC VI: Greenwich Village - Tribeca - Soho
JUEVES 10 DE AGOSTO DE 2006.
Recorrimos Greenwich Village paseando sobre todo por Thompson St., una calle súper chula llena de tiendas de ajedrez, en muchas de las cuales la gente se reúne a jugar previo pago de un dólar. Además, en las tiendas tienen ajedreces muy originales: de Scooby Doo, de Alicia en el Pais de las Maravillas, de El Mago de Oz… y de temas más serios en los que ni siquiera me fijé.
Después pasamos por el Café Wha?, local de conciertos muy de moda en los 60 y en el que empezaron su carrera diversos artistas, el más destacable, Bob Dylan. Después pasamos por una famosa taberna clandestina en la época de la prohibición, pero ahora el edificio está siendo rehabilitado y con los andamios no es que pudiéramos ver nada.
Acabamos de recorrer el Village en una plaza a destacar porque en ella hay unas estatuas de dos parejas homosexuales, y otra de una señor que no recuerdo cómo se llamaba pero que es famoso, entre otras cosas, por ser el que acuñó la frese “El indio bueno es el indio muerto”, muy majo él.
Después paseamos por Tribeca y por el Soho, de los que no tengo anécdotas culturales que contar, porque este recorrido lo hicimos por nuestra cuenta, sin guía. A destacar que buscamos el “Tribeca Film Center” y, aunque supuestamente estuvimos al lado, no lo encontramos.
Decidimos acabar la tarde tomando una cervecita en el sitio del muelle que nos había gustado el otro día. Caminando hacia allí empezó a chispear y Quic estuvo muy avispado sugiriendo que nos resguardáramos, porque fue meternos en una heladería y empezar a caer la chupa del siglo.
En un momento que amainó pasamos a resguardarnos en una librería y luego en los muelles. De tomar nada nos olvidamos, pero como parecía que había parado decidimos ir a Times Sq. dónde descubrimos la tienda “Bubba Gump Shrimp Co.” (¿Os suena? Pensad en Forrest Gump) dónde nos volvimos locos a comprar.
De allí a Columbus Circle, donde compramos unos perritos y nos los comimos en la entrada sur de Central Park. Empezó a llover de nuevo y nos fuimos al hotel.
Como no paraba de llover a mares, decidimos comprar unas hamburguesas y cenar en la habitación, donde no recuerdo si vimos unos Perdidos, o Un franco catorce pesetas.
30.8.06
NYC IV y V.

MARTES 8 DE AGOSTO DE 2006: MIDTOWN MANHATTAN – ONU – NY DE LOS INMIGRANTES.
Tras el desayuno habitual comprado en el badulaque nos dirigimos al Midtown Manhattan a patear un poquillo. La idea era ir al MOMA, pero cuando llegamos allí resulta que los martes estaba cerrado, así que decidimos emplear la mañana en ver unos cuantos sitios sueltos que nos interesaban, para por la tarde ir a lo que en nuestra guía se llamaba el NY de los inmigrantes.
Empezamos por el Empire State Building, al que se supone que todo turista ha de subir una vez en la vida para contemplar las vistas de la ciudad. Yo no haré eso jamás, porque mi vértigo y yo somos así de patéticos, qué se le va a hacer.
De allí caminando a Grand Central Terminal, a flipar un poquito recordando a Elliot Ness y la famosísima escena del carrito de bebé. Y a la ONU, a fardar de ciudadanos del mundo intelectuales y gafapastas, y a que Quic hiciera verdadero arte fotografiando las banderas.
Ya desfallecidos paramos a comer y una vez repuestas las fuerzas nos dirigimos a Chinatown, previo paso por la US Courthouse, y por el lugar en el que se encontraban los cinco barrios o pueblos que se reflejan en Gangs of New York. Lugar que, sin mi guía a mano en este momento, no sé ni nombrar ni describir con propiedad.
Me flipó Chinatown, me quedé impresionada, no lo imaginaba así, tan, tan, tan… chino. Ahora, que no es por comentar, ni por insultar gratuitamente, ni nada, pero hay que ver qué mal huele Chinatown, joder.
A destacar el hecho de que presenciamos una pelea entre un chino delgaducho y un chino más grande y borracho. Expectantes ante la posibilidad de presenciar un rollo ninja nos quedamos un ratillo observando, pero todo quedó en eso, meras expectativas.
A continuación nos pateamos Little Italy (en la foto), un derroche de colorido, pizzerías, tratorías y horteradas… muy italiano todo.
Allí compramos unas maravillosas estampas de El Padrino y de Scarface. Porque estos italianos están tan orgullosos de su mafia, y les es un negocio tan provechoso, que todas las tiendas estaban llenas de merchandising de Scarface e imágenes de Tony Montana, quien, si no me equivoco yo mucho, de italiano no tenía nada.
En fin… Acabamos el tour del NY de los inmigrantes (por el que Marco te cobraba 75 dólares por cabeza) pateándonos un poco de zona judía, llenita llenita de galleteros, y haciendo unas estupendas fotos de contrastes de los suburbios con el Empire State.
Nos pasamos por la tienda del Madison Square Garden, no para comprar compulsivamente, sino para hablar con el gerente de la misma, que es español y todo un centro de información en lo que a ver basket en NY se refiere. Pero no estaba, así que quedamos en volver al día siguiente.
Al hotel, cambiarnos, ducharnos e intentar nuevamente cenar en el Tokio Pop, que esta vez estaba lleno. Fuimos a un restaurante que había enfrente pero que no recuerdo cómo se llamaba, ni tampoco qué cenó Quic. Sólo recuerdo que yo tomé un pollo demasiado especiado. Recuerdo también que, tras esperar un rato en la barra para conseguir una mesa de terraza, resultó luego que, por extrañas y ridículas razones que no alcanzo a comprender, en las terrazas tienen zonas de fumadores (que no suelen ser más de tres o cuatro mesas) y el resto de la terraza es de no fumador. Dada mi suerte, por supuesto me tocó una mesa de no fumadores y vi mi gozo hundido en un profundo y mugriento pozo.
El tour del miércoles empieza donde terminó el del martes, en el Madison Sq. Garden buscando información sobre basket urbano. D.G., el gerente de la tienda del Madison, fue muy amable con nosotros, como por lo visto lo es con todo el que va a pedirle ayuda. Nos explicó cómo llegar al Rucker, uno de los playgrounds más famosos de NY (aunque un libro que se compró Quic – sobre playgrounds – no incluía éste entre los cinco mejores de Estados Unidos), que está en Harlem, concretamente en la W155St con la 8ª Av.
Una vez con la información pertinente bien aprendida, nos fuimos a dar una vuelta por el barrio de Chelsea, el barrio gay de NY y el centro de las galerías de arte, después de que los artistas más importantes dejaran el Soho debido al encarecimiento de los alquileres.
El tour por este barrio empezó en el Hotel Chelsea, famoso por muchísimas cosas entre las que destacaremos que en él se rodó la peli “León, el profesional” (lo que me acordé de ti, hermanita). Caminamos mucho por este curioso barrio, repleto de galerías de arte situadas entre talleres mecánicos.
Al final del recorrido nos encontramos con un cartel en una pared que rezaba “Viva Pedro” y anunciaba un ciclo de pelis de Almodóvar. Lo cual nos provocó un shock del que debíamos recuperarnos, o no, el caso es que acabamos en una terracita tomando una cerveza.
De allí al MOMA, pasando por el Radio City Music Hall y comiendo unos estupendos perritos en la puerta. Como esta vez el museo sí que estaba abierto, pues pagamos religiosamente y entramos.
Yo no tengo ni puñetera idea de arte, y de arte moderno aún menos, así que la crítica intelectual se la dejaré a Quic, para el caso de que alguna vez en su vida quiera actualizar su blog.
Sólo diré que casi muero de una pulmonía, porque estos señores no tienen ni puta idea de lo que significa moderar un poco la temperatura del aire acondicionado, y una es tan espabilada que en plena ola de calor no se le ocurrió meter en la maleta algo con lo que resguardarse de la gélida temperatura del interior del museo.
Una vez finalizada la visita express (tampoco puedes pegarte días enteros en el museo, cuando tienes una semana para exprimir NY al máximo) salimos a disfrutar del calorcito de la calle.
Volvimos a Penn Station y cogimos el tren D, camino de W155 St., con tiempo de sobra, porque D.G. nos había explicado que esta tarde había un partido de la liga del Rucker, y que había que estar allí una hora antes si querías coger sitio.
Pero, oh maldición, resulta que el tren D por las tardes es express, y no para en todas las estaciones, entre ellas, casualidades de la vida, en la 155. Y allí que estábamos Quic y yo, en un tren en el que no había más de 10 blancos, adentrándonos en Harlem, a escasas horas de anochecer, sin saber dónde tendría a bien parar el conductor y sin saber qué tren no-express teníamos que coger luego para volver, bien al Rucker, bien al hotel.
Y en estas que un chico que había estado oyéndonos discutir sobre nuestras posibilidades de sobrevivir, se nos acercó y nos preguntó a dónde queríamos ir. Nos explicó lo de que el D por las tardes era express, y que en la primera estación que parase nos bajásemos y cogiésemos en sentido contrario el tren B, que hace el mismo recorrido que el D, pero para en todas las estaciones.
Eso hicimos y por fin llegamos al Rucker, temiéndonos que no encontraríamos sitio ni de coña, porque llegábamos mucho más tarde de lo previsto.
Salimos y nos encaminamos a la cancha, que estaba prácticamente vacía, nos sentamos en la grada sol (que es la que estaba vacía, porque nos daba algo más que respeto sentarnos en la de sombra en la que sí había gente – téngase en cuenta que éramos los únicos blancos en kms. a la redonda, y cantaba que éramos unos pobres pardillos de turismo-). Nos sentamos… esperamos… flipamos viendo cómo juegan al baloncesto los niños (y ojo, las niñas) en este lugar… seguimos esperando…oyendo constantes sirenas de policía… acrecentando poco a poco nuestra sensación de estar en la auténtica ciudad sin ley… y sin gente blanca (miento, vimos dos blancos en toda la tarde - por cierto, uno de ellos creemos que era el que hace de novio de Amèlie -)… y tras horas de que, en realidad y pese a nuestros temores y prejuicios, no pasara nada más allá de gente yendo y viniendo (estamos convencidos de que había un partido programado y se había suspendido, porque mucha gente venía, esperaba, hacía una llamada y se largaba), nos piramos al hotel.
Nos cambiamos y, por fin, conseguimos cenar muy ricamente en el Tokio Pop.







