31.7.06

On the town.


Me piro, por fin, de vacaciones. En unas horas abandonaré este despacho, esta mesa, este ordenador, para no verlos más hasta septiembre.
He de ocuparme de un par de cosas esta semana, pero lo haré en vaqueros y sin pasar por aquí, sin madrugar y sin atender a ningún cliente pesado. Un placer.
El sábado por la mañana cojo un avión rumbo, previa escala en Lisboa, a Nueva York, esa ciudad de la que todo el que ha estado asegura haberse enamorado nada más poner en ella un pie.
Por cuestiones que ya contó Quic, sólo estaremos una semanita. Pero espero exprimirla al máximo.
Lo que más me apetece es reconocer sitios por la calle. Aquéllo de "Mira, ahí es dónde Woody Allen dijo aquéllo" o "En esa esquina estaba la casa de Mónica". Por ello, el sábado adquirí Un día en Nueva York (On the town) y pienso hacer estos días que me quedan una maratón de pelis de Allen.
¿Soy paleta? Sí, ¿y qué?. Estoy deseando aterrizar allí y sentirme como Alfredo Landa.
Pienso ver todo lo que pueda, comer todo lo que pueda, beber todo lo que pueda, fumar como una apestada todo lo que pueda, comprar todo lo que vea.... Sólo hay una cosa que no tengo ninguna intención de hacer, algo que hizo mi madre hace unos taitantos años: concebir un hijo.
Hala, ahí os quedáis. No sé si volveré antes de septiembre o no. En cualquier caso, que paseis un buen verano, mis queridos blogovidentes.

26.7.06

Historias de piscina.


Yo no tengo piscina en casa, ni en la de mis padres, ni en la casa de la playa. Lo más parecido a una piscina que hay en mi entorno es una piscina vacía, con filtraciones y con la depuradora rota que hay en casa de Mari-Ici, y una piscina hinchable para niños tamaño industrial que ha puesto Mari-Ici en su jardín (para suplir las carencias de la otra) y en la que me he remojado este verano una sola vez.

Todas las semanas me planteo ir al menos un par de veces a la piscina pública, pero por unas cosas u otras al final no voy. Sin embargo, me encanta la piscina, me gusta casi más que el mar, aun cuando la considero mucho menos higiénica.

Todos mis recuerdos de verano de mi niñez (y por niñez me refiero a todo el tiempo transcurrido desde que tengo memoria hasta que empecé a currar, y a tener sólo un mes de vacaciones) van estrechamente ligados a una piscina en concreto, en la que recuerdo haber pasado prácticamente los mejores ratos de mi vida.

Y no sé por qué le tengo tanto cariño a esa especie de alberca, cuando en las piscinas en general he tenido experiencias verdaderamente atroces. A saber, a modo de ejemplo:

- Contaba yo con más o menos tres añitos, y me daba miedo subir al trampolín alto de esa piscina en concreto de la que digo tener tan buenos recuerdos. Uno de mis hermanos mayores, concretamente con 19 años más que yo, me convenció para subirme con él, bajo la vil argucia de prometerme tirarse conmigo en brazos, de pie y sin soltarme hasta que entraramos en el agua. Acepté, subimos a aquél trampolín cuya altura no recuerdo (pero creedme, era muchísima, sobre todo comparada con la mía en aquella época), me cogió en brazos, saltó y en el preciso instante en que sus pies tocaban sólo el aire, no sólo me soltó, sino que realmente me lanzó hacia arriba, empecé a dar vueltas y finalmente estrellé mi panza contra el agua en un acto doloroso que aún hoy, 23 años después, me pone los pelos de punta recordar.

Qué leche no me daría que todos mis hermanos, presentes en aquél cruel y doloroso momento, se tiraron a por mí al agua ante el unánime pensamiento de "la niña s´ha matao".

- Desde entonces le tuve terror a las alturas, a los puentes y a ese trampolín en concreto. Terror que se me ponía en el corazón y en la garganta cada vez que veía a uno de "los mayores" hacer el gilipollas saltando de ese trampolín, pero, en lugar de hacerlo hacia el frente, hacerlo de lado, desafiando la posibilidad de hostiarse contra el trampolín mediano (que estaba en la trayectoria lateral) o, en su defecto, contra el bordillo de la charca.

Eso le ocurrió unos cuantos años después a un hombre al que no conocía, que se tiró de lado y se abrió la cabeza contra el bordillo. Creo recordar que no murió, pero que fue un acontecimiento que podríamos calificar como muy desagradable.

- De por sí aquella piscina era un desafío contra la higiene, principalmente porque los miércoles hacíamos en ella fiestas con barra libre de cerveza y sangría que duraban hasta altas horas de la madrugada y en las que, os podéis imaginar, en la piscina se derramaban toda clase de líquidos (con y sin tropezones), excepto cloro precisamente. Ahora, que nosotras, ni cortas ni perezosas nos metíamos en la piscina al día siguiente de las fiestas, no sólo para limpiar el fondo y paredes de la misma, sino, muy principalmente, para agenciarnos la pasta que se le había caído a la gente que, voluntaria o forzosamente, se había dado un chapuzón con toda la vestimenta.

Mítica es aquella vez que, a la mañana siguiente a una fiesta, encima de una mesa fueron encontradas dos huellas humanas, y, entre las mismas, una excreción de considerable dimensión (una pedazo de mierda, vaya). Vale que no es en el agua piscinera, pero es su entorno, así que me vale como anéctoda de piscina.

- Y, por último, no puedo dejar de contar otra experiencia, en otra piscina, pero del mismo modo, altamente desagradable. Fui con mi hermana mayor y con una amiga de aquella epoca colegial a una piscina capitalina. Como era un dia de libertad sin padres, nos hinchamos a comer guarrerías, a tirarnos "a bomba", a corretear y a jugar, hasta que forzosamente hubimos de abandonar la piscina bajo riesgo de que nos obligaran a limpiar el estropicio que mi amiga hizo al vomitar en el agua los tropecientos frigopies que se había comido. Estropicio que yo incremente al vomitar ante la asquerosa imagen que regurgitación rosadita de mi amiga flotando en el agua.

Umm, qué ganitas de verano, de piscina y de sardinas asadas.

18.7.06

Tiempo libre.


Ha llegado el verano y, con él, la maravillosa jornada intensiva.
Mientras para la mayoría los términos jornada intensiva significan trabajar de 9 a 15 o, a lo sumo, de 8 a 15 h. Para mí implica trabajar de 9 a 17 h. sin parar a comer.
Mucho mejor que el verano pasado, en el que esas dos, en teoría, maravillosas palabras significaban trabajar de 10 a 22 h. minuto arriba minuto abajo, sin parar a comer tampoco. Jornada intensivaquetecagas, le llaman a eso en mi pueblo.
Pero este año yo ya no pringo tanto como el pasado, y soy de lo más feliz saliendo a las cinco de la tarde, con todo el calorón.
Con este empacho de tiempo libre me ha dado tiempo a poner mi vida medianamente en orden. A saber, estas son las cosas en las que he empleado mis horas de libertad:
- Me he comprado cuatro pares de zapatos y dos vestidos.
- He ido al médico y, después, me he hecho un montón de pruebas de las que, muy probablemente, ese mismo médico deducirá el próximo lunes que estoy estresada (queda pendiente un post sobre las últimas tendencias médicas en lo que se refiere a achacar cualquier síntoma al estrés, ese gran desconocido).
- He puesto en orden los papeles de la moto, que ha pasado (o pasará en breve, vaya) de estar a nombre de mi cuñado a estar al mio propio.
- Me he hecho socia del RACE.
- He contratado, por fin, un seguro para la moto a mi nombre.
- He llevado a Mari Puri (mi cocha) al taller.
- Me he cargado a Mari Puri.
- He llamado al RACE para que se la llevaran al depósito.
- He vuelto a llamar al RACE para que la llevaran al taller.
- He perdido la noción de dónde coño estará ya mi Mari Puri del alma.
- He localizado mi pasaporte viejo, un día de éstos sacaré tiempo para ir a renovarlo.
- He archivado millones de facturas y papelitos que se amontonaban en un cajón.
- He hecho mi declaración de IRPF anual.
- He hecho mi declaración de IVA trimestral.
- He puesto al día los cobros pendientes.
- He reservado mesa para llevar a cabo esta noche la institucionalizada Cena de los Martes de Mierda te Hartes.
- Me he puesto al día en los capítulos de Alias, Medium, la Casa Blanca y Perdidos.
- He hecho muchos días la cenita para Quic y para mi.
- He contratado un viaje que a lo mejor cancelo o a lo mejor cambio de fecha.
- Me he bajado un juego del e-mule (señores de la SGAE, ni puto caso a este comentario ¿eh?), me he enviciado con él y estoy atrapada en la última pantalla.
- He hecho gazpacho por primera vez en mi vida.
- He puesto un montón de lavadoras.
- He colgado cuadros (preciosos, como los asiduos a este blog ya sabeis).
- He ido al banco.
- Y he bebido horchata y comido picotas.
Todas estas cosas podrán parecer chorradas, pero cuando nunca tienes tiempo de hacerlas, el simple hecho de ir a hacerte una analítica puede saberte a gloria bendita.
Eso sí, desde hace una semana tengo en el despacho una bolsa de deporte llena de cosas para ir a la piscina, el día que le dé uso seré feliz del todo.

11.7.06

Malena es un nombre de tango.

No, no he venido a hablar de ningún libro, ni siquiera del mío, sino de niños. Concretamente, he venido a hablar de las preguntas incontestables que hacen a veces algunos niños. Y, más concretamente, he venido a hablar de mi sobrina Malena.
Los niños, por lo general, son mucho más listos de lo que los adultos (ups, ¿me estoy incluyendo en el término "adultos"?) creemos. No por ser personas pequeñas son personas gilipollas, y llega un momento en que los cuentos chinos que les contamos para explicar aquellas cosas que nos resultan... digamos... incómodas, no cuelan ni de coña.
Y si el niño, encima, es algo más listo que la media, vas jodidamente directo al ridículo más espantoso cuando intentas explicarle algo.
Es el caso de mi sobrina Malena, que no es porque sea mi ojito derecho, a la que cuidé de niña, con la que compartí sus primeros pasos, sus primeras palabras, e incluso la primera vez que comió con tan sólo unas horas de vida. No es que se me caiga la baba porque sea la única niña de los siete (camino de ocho) sobrinos que tengo, no. Es que la cabrona es muy lista, leñe, y siempre te deja fatal.
Alguna de sus perlas:
1.- En casa de mi madre, católica, apostólica y romana, cuando nos reunimos todos a comer se lleva a cabo el rito de rezar todos en familia. Hace no demasiado, estando mi sobrina presente tuvo lugar la siguiente escena:
Malena: ¿Por qué rezamos?
Respuesta: Para darle gracias a Dios.
Malena: ¿Por qué?
Respuesta: Por la cena que vamos a tomar.
Malena: ¿Y por qué le damos las gracias a Dios, si la cena la ha hecho la abuela?
Respuesta: Come y calla, que la cena se está quedando fría.
2.- Los padres de una niña de su cole se separaron, y uno de ellos (pongamos, por ejemplo, la madre) se fue a vivir con una nueva pareja. Escena:
Malena: Mamá, ¿por qué la madre de Fulanita vive ahora en otra casa, con otro señor?
Madre: Porque le gusta más ese señor que el padre de Fulanita. A veces la parejas se separan y a veces es porque uno encuentra a alguien con quien lo pasa mejor, o que le trata mejor... con quien se divierte más...
Malena: Entonces ¿cuando encuentres a alguien mejor que papá te vas a ir con él?
Madre: No
Malena ¿Y por qué no, si es mejor?
Madre: Porque no hay nadie con quien yo vaya a estar mejor que con papá. Papá es el mejor.
Malena: ¿Y cómo lo sabes, si no conoces a todos los hombres del mundo?
Madre: Ve a ver que hace tu hermano, anda.
Pues eso.

5.7.06

Lazos familiares.



La imagen que veis a la izquierda no tiene nada que ver con el post de hoy, sino que es uno de los cuadros de los que hablaba ayer.

Es tan bonito que no he podido resistir la tentación de colgarlo. Y como este blog lo escribo yo, al que no le guste, que se joda.

Pero como digo, lo que vengo a contar no tiene nada que ver. Hoy vengo a hablar de mi familia. De mi familia paterna, concretamente.

Sólo tengo el (dudoso) placer de conocer a mi familia paterna más directa: tíos y primos hermanos (y de estos últimos creo que no les pongo cara a todos). En mi defensa diré que son muchos, mucho mayores que yo y, en su mayoría, bastante indeseables, al menos ésa es la impresión que me he llevado en lo poco que he tratado con ellos.

La cosa es que tengo un primo (segundo, o tercero, qué sé yo) al que hasta ayer sólo conocía de oidas. Se dedica a lo mismo que yo, y como tenemos un apellido curioso, muchas veces he oído eso de "Anda, te apellidas TT, ¿no conocerás a B.TT?" ante lo que yo salía con un trastabillado "Si, bueno, creo que es mi primo, pero no, no lo conozco".

Esta escena tuvo lugar ayer, en una sucursal de mi banco. Escasos minutos después el Sr. del banco me dijo "Mira, ése que entra es tu primo". Y me lo presentó.

Estuvimos hablando unos minutos y resulta que hace unos meses coincidimos en una reunión familiar y ni siquiera recordábamos habernos visto. El hombre del banco no daba crédito. Joder, que en esa reunión había unas 100 personas y yo no tenía ningún interés en hablar con todas ellas. Me dediqué a beber cerveza y hablar con aquellos que de antemano sabía que me caían bien, la mayoría de ellos mis hermanos.

Bueno, también entablé conversación con dos "nuevos" primos, pero es que estaban realmente de muy buen ver, y merecía la pena el esfuerzo...

Pero, a lo que iba, el tio del banco se quedó realmente flipado de que tuviera un primo (ojo, primo lejano) al que no conociera. ¿Por qué esa manía de la gente con que la familia ha de estar unida? ¿Y si me caen mal? Porque no es sólo que muchos de mis primos paternos me caigan mal, sino es que alguno de mis hermanos (somos un porrón) me cae fatal, joder.

¿Por qué tengo que relacionarme con ese ser más allá de lo estrictamente necesario? ¿Sólo porque nos parió la misma (santa) mujer? ¿Y con mi primo B.TT? ¿Tengo que conocerle sólo porque mi padre y el suyo tienen algún tipo de parentesco que ninguno de los dos acertamos ayer a concretar?

Pues eso, que entre que el del banco flipa con que no conozca a mi primo y que mi hermano el indeseable se empeña en llamarme cada fin de semana para que vaya a su infecta casa a cenar con mi "mozo" (es él el que usa esa expresión, que conste), estoy de la familia perfecta hasta los mismisimos.

4.7.06

Es que los cuadros visten mucho.


El sábado pasado Quic y yo nos pusimos el disfraz de Kristian Pielhoff y nos dedicamos a vestir la casa (siempre me ha hecho mucha gracia esta expresión).
Mediante préstamo de mi Sra. Madre, nos hicimos con un taladro y tras superar varias crisis (vale, la crisis de histerismo fue mía, a Quic se la sudaba bastante) de "este taco no encaja con esta escarpia y no tengo broca para éste" (ahorraros el comentario de "¿no conoces los cuelga fácil?", por favor), empezamos la ardua tarea de medir, visualizar, taladrar, colgar... No necesariamente por ese orden.
Quic demostró que no soy el único hombre que habita nuestra morada y se mostró muy ducho en el arte del berbiquí y la barrena.
Ahora nuestra casa está muy bonita, adornada con los siguientes carteles de película (que el Sr. Padre de la usuaria anónima también conocida como mensajera/loba tuvo a bien convertir en cuadros de diseño exquisito):
- In the mood for love, cuya belleza podéis observar en la imagen adjunta y que es muy Quic-ATT, aunque más Quic.
- Scarface, éste es más Quic, claramente, y también un poco homenaje a Barri Hater.
- Singin' in the rain. Éste es claramente ATT.
- Hoosiers. Absolutamente Quic.
- Le Fabuleux destin d'Amélie Poulain, muy ATT y un poco Quic.
Además, colgamos un cuadrito rollo tribal con el que nos hicimos en una escapadita deportiva a Barna.
En este momento nos queda por colgar:
- Qué bello es vivir: clarísimamente ATT.
- InFanta de Naranja e InFanta de Limón, clarísimamente Quic.
Es una casa equilibrada, vive Alá.

30.6.06

Las extravagancias de Su Señoría

No salgo de mi asombro. Las carcajadas (aun cuando en realidad el tema es para llorar) me impiden comentar la noticia. Así que, simplemente, aquí la dejo:

Acusan a ex juez de masturbarse durante sus juicios
Washington, (EFE).- La conducta "inquieta" de un ex juez durante sus juicios en Bristow (Oklahoma) podría incluir más de quince masturbaciones con una bomba de alargamiento de pene, según los argumentos de la acusación en el pleito que se sigue contra él.
En un proceso que tiene estupefactos a los habitantes mayoritariamente conservadores de Bristow, en pleno corazón de EEUU, el juez retirado Donald Thompson tiene que defenderse de cuatro cargos de exhibicionismo, que podrían acarrearle diez años de cárcel cada uno y la pérdida de su pensión mensual de 7.489 dólares.

Según medios de prensa locales, Thompson, de 59 años, declaró en su testimonio ante el jurado el pasado martes que la bomba era una broma que le había regalado un amigo suyo y que tal vez la accionó de forma inconsciente en alguna ocasión.
Sin embargo, enmarcó esta curiosa afición dentro de su habitual "conducta inquieta" en los juicios, que presidió durante 23 años hasta 2004.
Este comportamiento inquieto incluía pulir sus zapatos, liar cigarrillos o mascar tabaco, pero no exhibirse o masturbarse, algo que es "inconcebible y desafía el sentido común", dijo. (A lo que yo añado: "vamos, no me jodas")
El problema para Thompson es que una relatora de su tribunal, Lisa Foster, ha afirmado que escuchó cómo el juez accionaba la bomba durante los juicios y un agente de policía llegó incluso a fotografiar el artilugio.
Foster describió cómo había escuchado un ruido extraño y se dio cuenta de que provenía del sitio donde estaba el juez.
Según la relatora, entre 2001 y 2003 vio a Thompson exhibiéndose de manera indecente por lo menos quince veces.
Durante un juicio en 2002, dijo Foster, escuchó el ruido de la bomba de succión mientras un hombre, muy emocionado, daba testimonio en el juicio por el asesinato de su nieto.
"El abuelo tenía los ojos humedecidos y el juez estaba ahí arriba dándole a la bomba. Fue nauseabundo", declaró.
Los momentos escabrosos se han mezclado a la lo largo del juicio con otros de risa nerviosa por parte del jurado, como cuando un hombre que había sido jurado en un juicio con Thompson declaró que había oído el aparato, aunque no lo había visto.
Cuando los fiscales le preguntaron cómo sabía que el ruido correspondía a una bomba de alargamiento del pene, él dijo que había visto esos artilugios en películas como "Austin Powers" o "Dead Man on Campus".

La intervención del urólogo Edward Dakil provocó las mayores carcajadas, cuando defendió el uso de este tipo de bombas frente al abogado defensor, que alegaba que es un tratamiento obsoleto para la disfunción eréctil.

"Yo todavía los uso", declaró Dakil.
"*Usted, personalmente?", le inquirió el abogado.
"`No! Los recomiendo como urólogo", respondió. EFE

28.6.06

El placer de comer. Hoy: Arroz con costillejas.


Hay quien me tiene linkeada por ahí, manifestando, entre otras cosas, que éste es un blog de recetas.
Para no dejarles por mentirosos (no es que me importe demasiado, pero vaya), es hora de que vuelva a éste, mi blog, la sección "el placer de comer".
Esta semana, os pondré los dientes largos con el arroz con costillejas del que mi santo y yo dimos buena cuenta el pasado sábado.
Ingredientes para dos personas, durante varios días:
Medio kilo de costillas troceadas (frescas, no adobadas). Ante la sugerencia de Hans, lo aclaro: costillas de cerdo, nunca, nunca, nunca de cordero
Una alcachofa.
Un puñado de judías verdes.
Un poco de cebolla.
Medio pimiento verde.
Unos cuantos ajetes o, en su defecto, dos dientes de ajo (yo no encontré ajetes y se me olvidaron los dientes de ajos, y quedó bueno igual)
Medio calabacín (esto fue invención mía en sustitución de los ajetes).
Dos tomates.
Pimentón dulce, sal, pimienta y colorante alimencio (a ser posible, marca Dia).
1 vaso de arroz.
Modo de preparación:
En la olla express se sofríen las costillas, una vez han perdido el color sangre, se cubren de agua, se cierra la olla y se deja hasta diez minutos después de que haya empezado a salir vapor. Reservar.
En la paellera (en su defecto, sartén grande, como en mi caso) se sofríen la alcachofa, el pimiento, la cebolla y el calabacín (si os acordáis de los ajetes o el ajo, también), todo ello muy troceadito.
Cuando está casi sofrito lo anterior, se añaden los dos tomates bien troceaditos, la pimienta, el pimentón y la sal y se deja un rato a fuego lento.
Se añaden las costillas y el caldo en el que éstas se han hervido (para dos personas calcular unos tres vasos de caldo).
Cuando empiece a hervir lo anterior, se le añade un vaso de arroz y el colorante.
Se deja a fuego medio unos veinte minutos. Luego se aparta del fuego y se deja reposar el tiempo que tardas en poner la mesa y abrir el vino. Y listo para zampar.

20.6.06

Extrañas coincidencias.

El comentario que Sue ha hecho aquí, me ha recordado automáticamente al espectacular anuncio que la cerveza Reina hizo para los Carnavales de Tenerife, no sé exactamente qué año, creo que el pasado.
Cuando he llegado a casa, Quic, espontáneamente, me ha dicho que el comentario de Sue le recordaba a ese mismo anuncio.
La coincidencia me lleva a no poder resistir la tentación de colgar, por primera vez, un vídeo en éste, mi blog. Éste es el anuncio en cuestión, que, según tengo entendido, por problemas de logística, podréis ver todos menos Sue:

19.6.06

Somos borregos.


Los humanos somos borregos por naturaleza, lo tengo comprobado.
1.- Últimamente estoy llevando a cabo una labor experimental en los semáforos: cuando voy en Severa, me paro al lado de un coche, con el semáforo aún en rojo, acelero un poquito. En el 95 % de las ocasiones, el coche que tengo al lado avanza medio metro antes de darse cuenta de que el semáforo está rojo. Me dan ganas de gritarle ¡no te fies de mí y mira el semáforo, so borrego!
2.- Otra de semáforos: cuando al pasar un semáforo en ámbar fuerte, de esto que piensas "uff, por los pelos", miras por el espejo y siempre hay un coche que lo pasa pegado a tu culo. Joder, si yo lo he pasado por los pelos, ése se lo ha saltado en toda regla. Pero, claro, el de atrás pensará, si ése lo ha pasado, a mí también me da tiempo. Borrego.
3.- Los fumadores: somos un ejemplo claro de borreguismo. ¿Cuántas veces no encendemos un cigarro única y exclusivamente porque nuestro interlocutor se lo ha encendido?
4.- Los bebedores: más de lo mismo. ¿Cuántas veces no apuras una copa porque tu acompañante se va a pedir otra? Claro, que he de reconocer que esto a veces no es por borreguismo, sino por vagancia. Te ahorras un viaje a la barra.
Iba a hacer una conclusión, pero luego los haters se meten con los que escribimos un post estructurado, y yo, cual borrega que soy, siempre hago caso a mis mayores.

8.6.06

Poesía en estado puro


Lo ha dicho Veli aquí. Y aún cuando, es lo cierto, Quic debería hacer un monográfico sobre el tema, no he podido resistir la tentación de robar la idea y aprovechar la oportunidad de una actualización fácil.
Qué quereis, estoy de curro hasta arriba.
No recordaba yo el dramatismo, la profundidad, el compromiso social, la denuncia, la lírica, la belleza, el sentimiento, la emoción... en definitiva, la poesía en estado puro que encierra la canción, por qué no decirlo, la obra maestra que fue el tema Sopa de Caracol.
Googleleando he encontrado varias versiones de la letra de esta exquisita pieza. Me quedo con ésta:
Hepa!
Watanegui consup Iupipati Iupipati
Wuli Wani Wanaga
Watabuinegui consup Watabuinegui wanaga
Si tu quieres bailar, Sopa de caracol Eh!
Watanegui consup Iupipati Iupipati
Wuli Wani Wanaga
Iupe! Iupe!
Watanegui consup Wuli Wani Wanaga
Con la cintura muévela Con la cadera muévela
Si lo que quieres es bailar Si lo que quieres es gozar
Si tu quieres bailar, Sopa de caracol
Eh!
Watanegui consup Wuli Wani Wanaga
Watanegui Consup Iupipati Iupipati
Wuli Wani Wanaga
Iupe! Iupe!
Watanegui consup Wuli Wani Wanaga
Watabuinegui consup Watabuinegui wanaga
Si tu quieres bailar, Sopa de caracol
Eh!
Watanegui consup Wuli Wani Wanaga
Iupe! Iupe!
Watabuinegui consup Watabuinegui wanaga
Sacude! Sacude!
La cintura
Eh!
Saben quién llegó? Banda Blanca! Ricki-Tiki
Afloja la cadera! Eh! Cadera! Eh! Eh! Eh!
Watanegui consup Iupipati Iupipati
Wuli Wani Wanaga Iupe! Iupe!
Watanegui consup
wuh!
Wuli Wani Wanaga
Con la cintura muévela Con la cadera muévela
Si lo que quieres es bailar Si lo que quieres es gozar
Si tu quieres pedir Sopa de caracol
Eh!
Watanegui consup
Wuli Wani Wanaga
Se queda! Eh!

1.6.06

Estar de Rodríguez es una caca


Se supone que en esos días en que la pareja se va de viaje y te deja solo en casa, de Rodríguez, uno debe sentirse liberado, aprovechar para disfrutar de su soledad, para hacer esas cosas que no hace con la pareja... Que debe ser guay, vaya.
Pues para mí no lo es. Vale que yo soy una tía, y el término Rodríguez en este sentido siempre parece que vaya referido a los hombres que se libran unos días de "la parienta".
Obviando la gilipollez de que sólo el hombre pueda sentirse aliviado cuando la pareja se pira, resulta que en casa yo hago las tareas de bricolaje y a él le gusta ir de compras. Así que el término en cuestión me lo puedo pretender aplicar a mí misma si me da la gana.
Bueno, a lo que iba. No disfruto de mi Rodriguecería. Es un rollo patatero y un cansancio absoluto.
Ahora de verdad aprecio (antes también, aunque no lo dijera, pero ahora más) lo guay que es dividir las tareas de la casa y, sobre todo, sobre todo, sobre todo, lo maravilloso que resulta que mi santo asuma prácticamente todas las tareas en esas semanas (como la que nos ocupa) en las que curro catorce horas al día: encontrar la cena hecha cuando llego, la ropa limpia y recogida, que no haya trastos por medio, que haya comida en la nevera, que se haya sacado la basura... Y todas esas cosas de las que no puedo ocuparme cuando el curro me saca del mundo, pero que siguen en marcha casi sin que lo perciba.... hasta que no es así.
Llevo una semana comiendo crema de puerros (¿cómo coño se escribe? ¿vichesoi?), queso brie, paté y una hamburguesa del burriquín.
Pero esto no es sólo una cuestión de por el interés te quiero Andrés, no. No sirvo para estar sola.
Me crié en una casa repleta de gente, me gusta el bullicio, me gusta la compañía.
Disfruto de ciertos momentos de soledad. Por ejemplo de esos domingos en que mi santo trabaja, y yo no, y me quedo en casa, y lloro con el telefilme y me doy un bañito caliente, me pongo buena música, un buen libro, una copita de vino... Pero ya. Me basta con unas horas de vez en cuando.
Es un auténtico rollazo llegar a casa y que no haya nunca nadie. No tener con quien comentar las noticias o lo capullo que es House, echo de menos abrirme una cervecita y contarle tonterías mientras él acaba la cena... echo de menos compartir los momentos, jobar. ¡Esta mañana no he podido comentar con nadie la muerte de la Jurado!
En estos días me estoy quedando alucinada con algunos amigos míos que disfrutan viviendo, saliendo y viajando solos. A mí me parece un peñazo.
Así que, a partir de ahora, me parece genial que Quic se vaya de viaje, pero que me deje a alguien en casa para hacerme compañía, leñe.

30.5.06

Gastando el dinero que no tenemos.


El sábado pasado mi santo y yo fuimos a exponernos a un brote de alergia y a gastarnos el dinero que no tenemos en la feria del libro que estos días le da vidilla al parque de El Retiro.
Plenamente conscientes de lo paupérrimo de nuestra economía familiar, nos pusimos un límite de gasto antes de salir de casa. Y sacamos del banco el dinero justo.:Si no llevas más encima, no gastas más, aun cuando la tentación sea grande.
Mentira. Por supuesto, nos pasamos del presupuesto y la última adquisición la hicimos a golpe de tarjeta.
Gracias a Dior habíamos reservado mesa para cenar, por lo que antes de perder los papeles del todo, nos marchamos.

Estando en la feria nos encontramos repetidamente con Sue y D. que andaban haciendo una cola tras otra. Para tranquilidad de todos, os diré que Sue no agredió a ningún autor discapacitado, al menos en mi presencia.

En fin, a lo que íbamos. Estas son las adquisiciones que hicimos:

- El porqué de las cosas, Quim Monzó. No sé por qué, pero me llamó tanto la atención como para comprarlo.
- Memoria de mis putas tristes, Gabriel García Márquez. Le tengo ganas desde hace tiempo, tenía buen precio, así que me lo llevé.
- Si Sabino viviría, Iban Zaldua. No me digais que viendo esta portada y esta sinopsis no os apetece leerlo. Quic, cual friki que es, se lanzó de cabeza a por él y le pidió una dedicatoria al autor que aún no he conseguido entender, y eso que está en castellano.
- Alá Superstar, T.B. Por lo visto, el autor firma así por su propia seguridad. El señor que lo vendía nos preguntó si habíamos leído no sé qué artículo en no sé que medio, porque decía que se habían disparado las ventas desde que se publicó la reseña. Quic le dijo que no, que a él le basta y le sobra consigo mismo para conocer libros interesantes (o a lo mejor no le dijo eso, sino que lo pensé yo).
- El libro negro de las mafias, Albert Castillón. Pasamos por delante, Quic llamó mi atención. Miré la contraportada, la leí y dije "Hombre, puede estar interesante". Quic dijo: "Creo que este chico piensa lo mismo". Sí, sí, era el autor. Nos pusimos a hablar, y al final lo compré más por vergüenza que por otra cosa, porque, hombre, interesante puede ser, pero yo hubiera esperado a que bajase de precio.

Y esto es todo amigos, que aunque no lo parezca, llevo desde esta mañana para escribir este peñazo, y son las 18:53 h. Hala, a mamarla.




24.5.06

Madre no hay más que una, y a ti te encontré en la calle.




Feminista que está una, hoy quiero hacer un sentido homenaje a las mamás, esos seres que más que humanos son súper héroes que, cual un McGiver cualquiera, son capaces de hacer mil cosas a la vez sin siquiera despeinarse.

Hace ya tiempo que Quic le dedicó este post a su supermamá particular.

Yo quiero dedicar éste a poner de manifiesto mi absoluta creencia de que las madres son como son, tan madres, por la influencia de algún tipo de extraño fenómeno que tiene lugar en el momento del parto o, en defecto de éste, en el momento de firmar los papeles de la adopción.

En esta tendencia a generalizar que últimamente me caracteriza, afirmaré sin temor a meter la pata que todas las madres tienen una serie de características en común, de las que carecemos aquellas a las que la maternidad no nos ha llamado aún.

Evidentemente, para llegar a estas conclusiones me he basado principalmente en mi propia madre, que no sólo es madre, sino que lo es un porrón de veces, por lo que en ella todas estas características están muy, pero que muy, pronunciadas.

1.- El bolso: Todas las tías, por lo general, solemos llevar un gran bolso lleno de cosas que a los demás les parecen inservibles pero sin las cuales no podemos salir de casa. Pero lo de las madres es de traca.

En un bolso de madre puedes encontrar un yo-yó, una peonza, lápices de colores, tiritas, aguja e hilo, un cuaderno, kleenex, una pieza de fruta, treintamil tazos, una goma del pelo, una goma de borrar, una barbie, un coche de bomberos, una botellita de suero fisiológico, un pañal, crema hidratante...

Creíamos que el bolso mágico de Mary Poppins era una invención, pero no, ¡estaba basado en un bolso de madre!

2.- Los nombres: Una mujer, cuando se convierte en madre, irremediablemente olvida el nombre de las cosas y lo sencillo que puede resultar dar órdenes cuándo se expresa uno con claridad. Comienzan a pedirte las cosas con expresiones tales como "traéme la cosa marrón, que está sobre lo verde, en la habitación aquella".

Por no hablar de cuando llaman a unos hijos con el nombre de otros, o incluso con el del perro.

Lo más triste es que los hijos, a los que nos han lavado el cerebro desde recién nacidos, las entendemos.

3.- Poca necesidad de dormir: Las madres se acuestan tarde, porque después de bañar a los niños, darles de cenar, leerles un cuento... Cenan ellas, recogen los cacharros, cosen un botón que se ha caído del babi del cole, cortan la tela para el disfraz del baile de fin de curso y por fin aprovechan un poco su tiempo libre y tranquilo...

Durante la noche se despiertan al mínimo ruido, cuando el nene tose, cuando el nene se hace pis, cuando el nene tiene miedo, cuando el nene tiene sed...

Y por la mañana se levantan bien temprano, para ducharse, despertar a los nenes con cariño, prepararles el desayuno, volver a despertarles al grito de "hoy llegais al cole tarde", preparar el bocadillo para media mañana...

Esto desemboca en el hecho de que a las madres les baste con dormir un par de horas. Lo cual, cuando eres adolescente, es una auténtica putada: se despiertan cuando llegas, por lo que se enteran de que llegas tarde y tajada, y se despiertan cada vez que te mueves, por lo que se enteran cada vez que vas al baño a potar y a las ocho de la mañana están en pie, cantando pasodobles y descojonándose del dolor de cabeza que te están causando (¿o eso es sólo la mia?) .

4.- Memoria para los detalles: las madres se acuerdan de un montón de cosas, relacionadas con sus hijos, que a los demás no nos llamarían nunca la atención. Que fulanito no come pimiento verde, que menganito bebe tónica, que a zutana le gusta una pastita con el café, que llames a tal porque es su cumpleaños, que llames a Pascual para ver que le dijo ayer el médico, que la comida favorita de aquél es aquélla...

En mi madre, dado lo enorme de su número de hijos, ésta es una virtud que admiro muchísimo. Yo no me sé la mitad de las fechas de cumpleaños de mis hermanos, y ella se acuerda de los cumpleaños, santos y aniversarios de boda de sus hijos, hijas, yernos y nueras. Por no hablar de las fechas relacionadas con los nietos.

Además, sabe cuando tienes un día importante, crucial, y siempre te llama para ver qué tal. En mi época de estudiante siempre le pedía que pensara en mí a la hora que tenía el examen, en la firme creencia de que me daba buena suerte. Hoy en día, en esos días que tiene mi profesión en los que te juegas el trabajo de meses a una carta, le sigo pidiendo que se acuerde de mí a una hora concreta. Seguro que a veces se le olvidará, pero estoy convencida de que el 95% de las veces se acuerda, bien cinco minutos antes, bien cinco minutos después ¿Por qué? Porque es una madre de raza, y las madres se acuerdan de las cosas.

5.- Frases hechas y refranes: Las madres, para educar a sus hijos, recurren a los dichos populares. "Tanto va el cántaro a la fuente..."; "A buen hambre no hay pan duro"; "No pasa nada hasta que pasa"; "Quien a los suyos se parece..."; "Allá donde fueres..."

Como decía, yo creo que todas estas cosas se adquieren al convertirte en madre. Yo, que cada vez abrazo con más alegría la idea de no serlo nunca, creo que no podré comprobarlo por mí misma, pero mi hermana dará a luz su primer hijo dentro de poco y pienso estar atenta a todos los cambios que experimente.

22.5.06

¿Sexo débil? ¡Ja!



Dicen que el femenino es el sexo débil. Me río yo de la fortaleza de los hombres.

Aún a riesgo de ser linchada por los Haters, lo afirmaré sin miedo: los hombres son más débiles, tanto física como psicológicamente.

En cuanto a la faceta psicológica de tal debilidad, he de decir que ahora que están tan de moda las depresiones y ansiedades, conozco muchos más tíos que tías afectados de tales dolencias. (Conste de antemano que no quiero ofender ni ningunear la enfermedad de nadie ¿eh? -viva el buenrollismo-)

Pero lo cierto es que, de hecho, no conozco a ninguna mujer que esté deprimida o ansiosa en los conceptos clínicos del término. Y sí a varios hombres.

Quizá porque las mujeres estamos más acostumbradas a estar tristes, preocupadas, estresadas o lo que sea, y por ello no llegamos a los extremos. Me explico: creo yo que las mujeres somos más sensibles y más histéricas, lo somos de nacimiento. Por ello, estamos acostumbradas y no nos derrumbamos ante un aumento de sentimientos que, en definitiva, es lo que te lleva a una depresión o a un estado de ansiedad (toma frisbie, que diría eljorje).

En cambio, a los tíos, por regla general, les cuesta más expresar y asumir lo que sienten, no lo descargan con la facilidad que lo hacemos las niñas (con llamar a un par de amigas y desahogarnos durante aproximadamente ocho horas, asunto arreglado), lo guardan, lo guardan y cuando la cosa se complica, revientan.

Una conocida, con una vida bastante jodida, anda siempre de buen humor y sonriendo. Una vez le preguntaron cómo lo hacía y ella contestó lo siguiente: de vez en cuando me encierro en mi cuarto, me como una tableta de chocolate y rompo a llorar durante horas. Cuando se me acaban las lágrimas salgo y sigo con mi vida.

Si los chicos lloraran más, sufrirían menos.

Y tampoco físicamente son más fuertes. Cuando les duele algo, se convierten en muebles viejos: objetos inertes que sólo emiten sonidos quejumbrosos. Mi santo dice que es un tema genético, que las tías somos resistentes al dolor para poder aguantar un parto. Que ellos no podrían.

No sé si es por genética o por educación, pero en cualquier caso que aguantan menos el dolor es una verdad como un templo. Si a nosotras nos duele algo, aún somos capaces de limpiar la casa, ir a currar, salir a tomar algo, volver la casa, hacer la cena, aguantar a los niños y nos queda tiempo para mimarles un poquito. Si les pasa a ellos, simplemente dejan de existir. Y es que, como me dijo hace poco una amiga: no nos damos cuenta, pero sus dolencias son peores; sus diarreas son más fuertes, sus dolores de espalda son horribles, sus dolores de cabeza insufribles... les invalidan totalmente.

A nosotras no nos debe doler tanto, porque nos podemos seguir haciendo cargo de todo. Y cuando nos quejamos, ni caso, porque como seguimos activas resulta evidente que nos estamos quejando de vicio. Y si nos quejamos más, es que somos unas exageradas, porque, total, por un dolorcito de nada. Y no te cuento ya como nos apetezca estar a oscuras y en silencio porque no soportamos más esa maldita luz que entra por la ventana, así, de repente, sin venir a cuento. Hay que ver lo que exageramos.

No, caballero, no. Cuando tú te quejas, el dolor puede ser una simple molestia. Cuando yo me quejo, llevo aguantando una molestia tonta durante horas, si no días, y en este momento el dolor es insoportable. Y si vuelvo a oir un "venga, cálmate que no es para tanto" el dolor insoportable va a pasar de mi cuerpo a tu entrepierna, no sé si me explico.

En fin, que os quería ver yo soportando el cambio hormonal bestial (yo sí me pongo histérica, lo reconozco, y me creo en mi derecho de estarlo) y el dolor de ovarios/riñones/pechos/cabeza propios de la menstruación, mes a mes, sin faltar uno (y que siga así por muchos años, por Dior).

18.5.06

Borriquito como tú, o cómo ridiculizar a una escritora sobradilla.


El otro día recibí un e-mail que me hizo mucha gracia, se lo pasé a mi santo y él proclamó que lo pubicaría en su blog. Me jodió, porque podría haberlo publicado en el mío en lugar de pasárselo, y así tendría una actualización fácil, lo cual viene estupendamente dada mi poca creatividad.
Le puse de manifiesto mi frustración y, caballeroso que es él, me cedió el post. Honrada que es una, no puedo dejar de reconocer que la autoría real de éste, es suya.
Como quiera que fuere, aquí está. Este hombre debe tener mucho tiempo libre o haberse cabreado muchísimo con la Echevarría (¿es Echevarría o Etxebarría?) para entretenerse en escribir la perorata que os pego a continuación. En cualquier caso, un auténtico crack el lector en cuestión:

Lucía Echevarría, la famosa escritora dijo en una entrevista, que " murciélago" era la única palabra en el idioma español-castellano, que contenía las 5 vocales.
Pues El Señor José Fernando Blanco Sánchez, envió esta carta a un periódico, dando un repaso a la escritora y escribiendo varias palabras con las vocales...

Carta al director en un diario nacional... hace pocos días.

"Acabo de ver en la televisión estatal a Lucía Echevarría diciendo que 'murciélago' es la única palabra en nuestro idioma que tiene las cinco vocales. ¡Confiturera, frene la euforia! Un arquitecto escuálido llamado Aurelio (o Eulalio... o Ausencio) dice que lo más auténtico es tener un abuelito que lleve un traje reticulado y siga el arquetipo de aquél viejo reumático, desahuciado y repudiado, que consiguiera en su tiempo ser esquilado por un comunicante que cometió adulterio con una encubridora cerca del estanquillo (sin usar estimulador).

Señora escritora: si el peliagudo enunciado de la ecuación la deja irresoluta, olvide su menstruación y piense de modo jerárquico. No se atragante con esta perturbación, que no va con su milonguera y meticulosa educación, y repita conmigo, como diría Cantinflas: ¡Lo que es la falta de ignorancia!

José Fernando Blanco Sánchez"

16.5.06

Ni fu, ni fa.


Como bien ha relatado ya Quic, el sábado estuvimos en Glam Street, el nuevo bar de Tamara/Ámbar/Yurena, como sea.

Una noche mítica y espectacular, que diría mi santo.

No vengo a pisar la crónica de Quic, que ya ha relatado lo más interesante de la noche (excepto que no fuimos los únicos, ni los que más, perdiendo el sentido del ridículo a la hora de bailar)

Lo que vengo a contar es que a mí, los famosos, como que ni fu ni fa. Que me tocan un pie, vamos.
Quic decía el sábado que era una lástima no tener una cámara en el móvil para hacernos una foto con la famosa dueña del local. Yo agradecí no tenerla, porque me hubiera dado una vergüenza horrible.
No recuerdo cuándo fue la última vez que me emocioné por ver a un famoso, creo que fue el 15 de agosto de 1991, cuando Abel Resino, mi gran amor de siempre, me dió un autógrafo en el aeropuerto de Barajas. ¡Y lo acompañó de dos besos!
A partir de ahí, lo dicho, ni fu ni fa. Y para muestra, un botón:
Uno de los Rolling Stones vino a una galería de arte que hay debajo de casa de mi madre a presentar unas fotografías o no sé qué. Mis conocidos flipaban por el hecho de que no mi uniera al mogollón de gente que se apelotonó en la puerta de la galería para ver al susodicho llegar. Mi argumento, a mi parecer, era irrebatible: ¿Para qué me voy a pegar con la peña para ver a un tipo bajarse de un coche, andar dos metros de acera y entrar en un local? Si fuese a cantar o algo...
Tampoco los grandes eventos mediáticos me emocionan. Nunca olvidaré la indignación de G. cuando le conté que estaba a escasos metros del Windsor cuando se quemó y no me molesté en acercarme a mirar. "Era un rascacielos y estaba ardiendo. Lo tenía todo. No me lo explico." Es lo único que acertaba a decirme una y otra vez.
Pero toda regla tiene su excepción: Una vez, en los juzgados, me encontré con Carmina Ordoñez y su secretaria, que andaban pleiteando en tribunales y platós por aquel entonces. No pude resistir la tentación de emocionarme y llamar a mi santo para contárselo.

4.5.06

Yo de mayor quiero ser mafiosa.


Desde que leyera El padrino de Puzo hace mil años, siempre he tenido en la cabeza la idea de ser un capo de la mafia.
Evidentemente, la idea de que la gente muera por mi culpa me crea algún que otro remordimiento, pero si fuese posible extorsionar, matar, torturar, disponer de todo y todos como lo hiciera en la ficción D. Vito, sin que ello comportase un daño a los demás, me encantaría hacerlo.
Esa idea fue creciendo a medida que cayeron entre mis manos Mi vida en la Mafia, de Vincent Teresa, y otros del genial Puzo como La Mamma (The fortunate pilgrim), Omertá o el Último Don.
Poco a poco fueron cayendo en mis manos otros libros y dejé a mis queridos sicilianos relegados ante mi creciente obsesión de convertirme en un vampiro o en una bruja protagonista de las historias de Anne Rice (ese es otro relato, en el que en este momento no tenemos por qué entrar).
La cosa es que recientemente mis neuronas vuelven a fantasear con convertirme en Michael Corleone o, en su defecto y por estrictos motivos físicos, en la famélica Kay Adams (antes de que la muy tonta se divorciase, por supuesto).
¿Por qué vuelve a surgir este anhelo? Pues hemos de agradecérselo a Bernardo Provenzano. He de reconocer que mi interés por la mafia literaria no se ha extendido a la mafia real, por lo que servidora no tenía ni pajolera idea de quién era este hombre hasta que fue detenido.
Lo que me llamó la atención es que el sujeto en cuestión hubiera nacido, vivido, ocultado y finalmente sido detenido en Corleone, lugar que Mario Puzo, que sabía más de estos temas que yo, eligió como patria natal y, por ende, apellido ad hoc, de D. Vito y sus vástagos.
Lo de este lugar, por lo poco que he consultado en Google, debe ser de traca. Mafia siciliana en estado puro.
Y de ahí ha venido mi gran idea y el porqué de este denso post. Tengo la solución para todos los que, como yo, quieren ser mafiosos sin incumplir los sagrados mandamientos: Operación Padrino, o la Mafia de tu vida, todavía no lo tengo claro.
Un reality en el que dieciséis concursantes son encerrados durante tres meses en Corleone, divididos en dos equipos. Cada semana uno de los componentes será elegido Padrino por sus compañeros, se meterá algodones en los carrillos y gobernará su famiglia como crea oportuno.
Durante la semana, cada famiglia habrá de ganarse, por los métodos que tengan por conveniente, los favores, consejos y enseñanzas de los lugareños del pueblo, que de mafia deben saber un huevo.
Una vez a la semana, en horario de máxima audiencia, se declarará la guerra entre las famiglias y ganará la más mafiosa, o la que menos bajas tenga.
Vale, me queda pulirlo un poco, pero no me digais que no molaría. Esto es una experiencia y no la de supervivientes.
Por si acaso mi idea triunfa, me voy pidiendo el papel de consigliere, que de siempre mi favorito fue Tom Hagen.

25.4.06

... Y quédate con todo lo demás.


Hoy he ido con Quic a comer a un restaurante italiano de mi antiguo barrio que solíamos frecuentar en la época colonial (o en la de antaño, no recuerdo bien) . El plato de mi elección ha sido francamente mediocre, pero por lo demás ha sido una comida estupenda.
Cuando hemos salido, hemos decidido encaminarnos a un café fashion al que desde hace tiempo tenemos ganas de ir, y que está a unas manzanas del restaurante italiano del plato mediocre.
Como yo soy más chula que un ocho, le he dicho a mi santo que fuera dándose un paseo rapidito, que yo en mi súper moto estaba allí en un pis pas. Allá que se ha encaminado él. Acá que me he quedado yo.
He abierto el sillín de Severa Moto, he sacado mi casco, he metido mi bolso, he cerrado el sillín, me he puesto el casco, me he puesto los guantes, me he montado en la moto... he mirado al contacto.... ¿y las llaves? ¿y las llaves? ¡LAS LLAVES! Dentro del bolso, que está dentro del sillín, que está cerrado y que no puede abrirse sin las llaves, obviamente.
Cojonudo. Después de esto y esto, lo de hoy me ha hecho decidirme: siendo lerda como soy, es mejor que me compre un patinete.
Ahora pagaría porque alguien me hubiera fotografiado la cara de lerda que he debido de poner cuando me he dado cuenta y lo primero que he pensado ha sido ¿Y ahora como arranco yo?.
Para luego pensar: Con el dedo, no te jode.
Mi segunda acción ha sido salir corriendo calle abajo mientras me quitaba el casco y los guantes y llamaba a Quic a pleno pulmón. Ha flipado el pobre, pero luego se ha comportado como el hombre que es y ha intentado (hemos intentado) forzar el sillín de la moto y abrirlo con las llaves de casa. Ninguna de tan geniales ideas ha dado resultado.
En fin, que he tenido que contarle al portero de la casa de mi madre que soy lerda, lo cual ha ablandado su corazón lo suficiente para que accediera a guardarme la moto en el garaje hasta mañana, momento en que sabré si dispongo de una llave de repuesto (que ni idea, oiga) o si tengo que llevar a Severa al taller, a que le cambien el bombín (pobre, eso tiene que doler fijo).
Cuando he llegado al curro, el conserje me ha recibido cantando: devuelveme las llaves de la moto.... Lo cual, todo hay que decirlo, me ha hecho mucha gracia, a la par que me ha llevado a plantearme lo rápido que vuelan las noticias, sobre todo con porteros de por medio.

17.4.06

Es complicado ser feliz. O no, que también pudiera ser.

Ser feliz, completamente feliz, es complicado. O lo hacemos complicado, más complicado cada día conforme crecemos.

De niños cualquier tontería se convierte en un mundo, en una tragedia griega. Pero igual de rápido que llega el drama, se esfuma con una celeridad impresionante. Se olvidan los malos momentos y quedan los buenos. De ahí lo de cualquier tiempo pasado nos parece mejor (que decía la sabia San Basilio, creo).

Cuando crecemos, todo se relativiza. Ya no lloramos (normalmente) porque se nos rompió nuestra goma favorita, o porque no queremos comer las judias verdes.

Pero tampoco disfrutamos de las pequeñas cosas como lo hacíamos antes. Ya no olvidamos los dramas con tanta facilidad, ni nos quedamos con lo bueno solamente.

Creo que hasta hace no mucho era capaz de emocionarme con cosas realmente tontas, y ser feliz un montón de tiempo solo por haberme tomado una caña fresquita al solecito una mañana de verano (y si era en una playa y acompañada de una ración de gambas rojas y sardinas asadas, ni te cuento lo que me duraba el subidón).

Ahora no. Bien es verdad que llueve, y que normalmente no tengo tiempo de tomarme esa caña. Pero si lo hiciera, la felicidad se acabaría con la caña. No duraría ni un segundo más.
Suponía que era normal perder la ilusión por las pequeñas cosas, o dejar de ser feliz con tonterías. Pero el otro día, en medio del viaje de amor y lujo a Bilbao descubrimos a un hombre que se convirtió automáticamente en mi ídolo. Me enamoré de él en medio segundo, y me hizo darme cuenta de cuán equivocada estaba.
Resulta que al lado del Guggenheim hay una fuente consistente en una serie de chorritos dispuestos en fila, directamente en el suelo, sin pilón ni nada (joder, me estoy explicando de pena). La cosa es que puedes pasar entre los chorros, o por encima de ellos, sin estructura arquitectónica (o de cualquier otro tipo) que lo impida u obstaculice en modo alguno.
El tipo/ídolo en cuestión era un hombre de unos taymuchos años, acompañado de su esposa, otra pareja y dos niños de unos 6/8 años.
Jugando con los niños el tipo/ídolo se mojó un poquito y decidió que la vida son dos dias (estoy segura de que decidió precisamente eso) y echó a correr por encima de los chorritos, uno tras otro, empapándose ante las carjadadas de los niños, la estupefacción de la pareja, el flipe de los múltiples viandantes y mi admiración eterna.
Salía de la fuente y le decía a los niños ¿otra vez? , los niños entusiasmados le invitaban a que lo repitiera y su mujer, conteniéndo una sonrisa complice de "ya está éste otra vez con sus cosas" le decía: no, otra no, que te está mirando todo el mundo.
Finalizada la actuación, los acompañantes del tipo/ídolo, se quedaron haciendo un corrillo, mientras éste se alejaba solo y a paso ligero: claramente iba a su casa a cambiarse.
Yo me pasé un buen rato repitiéndole a Quic que ese hombre, el hombre feliz, era mi ídolo. Y me quedé con las ganas de acompañarle en sus carreras fuentísticas.
Desde entonces tengo claro que uno no pierde la ilusión si no quiere. Y sonrío cada vez que me acuerdo de la escena.
Gracias, hombre feliz, quien quiera que seas.